Vocación y Santidad: Un Camino Espiritual en el Cristianismo

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Llamados a la Vocación en la Biblia

El Llamado de Abraham

Abraham, conocido como el "padre de las naciones", fue llamado por Yahvé a la edad de 99 años. Yahvé se le presentó como el "Dios de las Alturas" y le encomendó la misión de ser perfecto y convertirse en el padre de todas las naciones. Le pidió que caminara en su presencia y se esforzara por alcanzar la perfección.

El Llamado de Jeremías

Dios llamó a Jeremías para ser profeta. Le hizo comprender su amor por él y por todos los hombres. Su misión fue llamar a los hombres para que recuperasen su vocación: la de ser hijos de Dios.

Isaías

Isaías fue elegido y consagrado desde el vientre de su madre, conociendo su nombre incluso antes de nacer. Su misión fue de gran importancia para el pueblo de Israel. Fue llamado para declarar la palabra del Señor a los judíos, quienes tenían una relación de pacto con Dios, pero que, como nación, lo habían rechazado.

Jesús Llama a sus Discípulos

Jesús llamó a Simón y a su hermano Andrés, y luego a Santiago y a su hermano Juan. Les propuso ser "pescadores de hombres" y proclamar la Buena Nueva.

El Llamado de María

María fue llamada por el ángel Gabriel. Dios le encomendó la misión de tener un hijo, al que pondría por nombre Jesús, y que sería llamado "Hijo del Altísimo". El ángel le dijo que el Espíritu Santo descendería sobre ella y que el poder del Altísimo la cubriría con su sombra.

Mateo y Lucas

Mateo y Lucas buscaban la vida eterna, y Jesús les dijo que debían renunciar a su pasado y a sus posesiones. Sin embargo, ambos no estaban dispuestos a dejarlo todo atrás.

Proyecto de Vida Dinámico

El proyecto de vida es dinámico porque Jesús es la vida misma, el ideal al que aspiramos llegar. Implica cambios, ajustes, voluntad, replanteamientos y la gracia de Dios.

La Santidad en la Vida Cristiana

¿Quién Puede Ser Santo?

Todos estamos llamados a ser santos porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Todos los fieles están llamados por Dios, cada uno en su camino, a la perfección de la santidad. Nuestro progreso en el camino de la santidad depende de Dios y de nuestra voluntad de alcanzarla.

La Santidad

La santidad consiste en cumplir con la voluntad de Dios y hacerlo con alegría. Jesús nos pide entregarnos a Él por completo, en total pobreza. El primer paso hacia la santidad es la voluntad de ser santos. La santidad es un llamado de Jesús a todos.

Votos y Consejos Evangélicos

Votos

  • Castidad: Renunciar a formar un matrimonio para entregarse a una misión y dedicar su tiempo al amor de Dios y al prójimo. Una vida sin matrimonio no implica una vida sin amor.
  • Pobreza: Elegir no ser dueños de las cosas para seguir a Cristo con mayor libertad. Sin poseer nada propio, forman parte de una comunidad.
  • Obediencia: Todo buen cristiano busca cumplir con la voluntad de Dios. Someten su propia voluntad a la de Dios.

Consejos Evangélicos

Los consejos evangélicos son un don divino que la Iglesia recibió del Señor y que, con su gracia, conserva la autoridad de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo. Los votos se llaman consejos evangélicos porque el servicio a los hombres se expresa y se realiza por medio de estos consejos, asumidos mediante los votos de obediencia, castidad y pobreza.

Carismas

Los carismas se manifiestan en diversas acciones pastorales, como cuidar a los enfermos, enseñar, acompañar a los más pobres, a los presos, etc. Esta es la misión de los consagrados y consagradas: vivir para comunicar el Evangelio, según su carisma.

Laicos y Jerarquía Eclesiástica

Laicos

Una persona es laica cuando está comprometida en la construcción del Reino en su dimensión temporal y es un miembro de la Iglesia fiel a Cristo.

Jerarquía Eclesiástica

La jerarquía eclesiástica está formada por los ministros sagrados: presbíteros, obispos y diáconos. Gracias al sacramento del Orden, los obispos y presbíteros actúan, en el ejercicio de su ministerio, en nombre y en la persona de Cristo Cabeza; los diáconos sirven al pueblo de Dios en el servicio de la palabra, la liturgia y la caridad.

La Infalibilidad del Evangelio

La infalibilidad del Evangelio se ejerce cuando el Romano Pontífice, o el colegio de los obispos en comunión con el Papa, proclaman con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral, y también cuando el Papa y los obispos concuerdan en proponer una doctrina como definitiva.

El Papa

El Papa es el obispo de Roma y sucesor de San Pedro. Es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad de la Iglesia. Es la cabeza del colegio de los obispos y pastor de toda la Iglesia, sobre la que tiene, por institución divina, potestad plena, suprema, inmediata y universal.

Obispos

Los obispos tienen el deber de anunciar a todos el Evangelio como testigos auténticos de la fe apostólica, revestidos de la autoridad de Cristo. Ejercen su función de santificar a la Iglesia cuando dispensan la gracia de Cristo, mediante el ministerio de la palabra y de los sacramentos, especialmente la Eucaristía. Cada obispo ejerce colegialmente la solicitud por todas las Iglesias particulares y por toda la Iglesia junto con los demás obispos unidos al Papa.

El Laico

El laico, por su vocación, se ubica en la Iglesia y en el mundo. Contribuye a construir la Iglesia como comunidad de fe, oración y caridad fraterna, y lo hace a través de la catequesis. El laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios.

Participación de los Laicos en la Misión de Cristo

Los laicos participan en la misión sacerdotal de Cristo cuando ofrecen como sacrificio espiritual, sobre todo en la Eucaristía, su propia vida con todas las obras, oraciones, etc. Los laicos dedicados a Cristo y consagrados por el Espíritu Santo ofrecen a Dios el mundo mismo. Participan en la misión profética de Cristo cuando acogen cada vez mejor en la fe la palabra de Cristo y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y la palabra, mediante la evangelización y la catequesis. Los laicos participan de esta misión porque reciben de Él el poder de vencer el pecado en sí mismos y en el mundo, por medio de la santidad de la propia vida.

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