Vida en la Periferia: Historias de Supervivencia y Resistencia en Asentamientos Marginales
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La Otra Ciudad: Condiciones Inhumanas
Muchas de las personas que acabaron viviendo en las barracas, venían a Barcelona huyendo de la miseria y de las consecuencias que había dejado la guerra, considerando que en esta ciudad encontrarían una nueva oportunidad para vivir dignamente. Pero, la realidad fue muy distinta. Todos fueron ubicados en diferentes enclaves de barracas, construidas ilegalmente por la noche con materiales obtenidos del campo: techos de madera y cartón cuero sujetos con piedras para resistir las inclemencias del tiempo. Las barracas se apiñaban unas junto a otras, sin apenas espacio, en zonas sin urbanizar, sin agua ni luz. Los habitantes debían acudir a fuentes para lavarse y obtener agua para las necesidades básicas, y vivían con velas. En escasos metros cuadrados, vivían entre cinco o seis personas. Estaban completamente abandonados y olvidados por el ayuntamiento y las instituciones competentes. No disponían de servicios básicos como sanidad y educación, ni recibían ninguna ayuda. Usaban ropa usada por falta de dinero. Además, sufrían estigmas que les impedían acceder al mercado laboral, ya que no podían revelar en las entrevistas que vivían en barracas. En síntesis, las condiciones eran completamente inhumanas: falta de luz, electricidad, agua, saneamiento (en ocasiones, se valían de cubos que tiraban al mar, el mismo en el que luego se bañaban), calles sin asfaltar, ausencia de centros de salud, y fuentes de agua con horarios restringidos.
El Origen de las Barracas
Tras la posguerra, numerosas personas huyeron de sus ciudades a causa de la miseria y la hambruna, buscando una vida digna y una nueva oportunidad en Barcelona. Sin embargo, la gran cantidad de inmigrantes generó una escasez de viviendas, lo que obligó a la gente a construir y alojarse en barracas. Surgieron numerosos barrios de barracas en distintos puntos de Barcelona, como El Carmelo (en antiguos cañones antiaéreos) y el Somorrostro (a pie de playa, junto a una fábrica de gas cuyos residuos hacían la vida insoportable, con el riesgo constante de que el oleaje o las tormentas destruyeran las barracas). Otro ejemplo es Montjuic, un barrio de barracas separado del resto de la ciudad por una pared, como dos mundos diferentes. Las barracas legales tenían una chapa de metal con un número en la puerta a modo de identificación; las que no la tenían eran destruidas.
Vaquilla: La Historia de Juan José Moreno Cuenca
Juan José Moreno Cuenca, "El Vaquilla", nació el 19 de noviembre de 1961 en Torre Baró, Barcelona. Creció en la miseria, en un ambiente familiar desestructurado con un historial delictivo. Su madre, Rosa Cuenca, era una presa habitual, y su padrastro, Antonio Moreno, falleció de un ataque al corazón tras huir de la policía. Sus hermanos, también delincuentes, murieron trágicamente. "El Vaquilla" inició su carrera delictiva a los 9 años en el Camp de la Bota, robando lápices para jugar al futbolín. Progresó a hurtos de coches, robos de bolsos y atracos a mano armada. Se hizo famoso por sus fugas en coche de la policía a gran velocidad, utilizando almohadones y zancos para alcanzar los pedales. A los 12 años, robó una pistola a un vigilante y causó la muerte de una persona atropellada durante un robo. "Robábamos porque no teníamos nada. Robábamos para comer, para tener lo básico", afirmaba. A los 13 años, ya se había escapado de todos los reformatorios. Su vida era un ciclo de atracos, persecuciones y detenciones. Ingresó en la cárcel Modelo de Barcelona, pero se benefició de la amnistía. A los 16 años, volvió a prisión. Su nombre se hizo popular en la prensa, y José Antonio de la Loma llevó su vida al cine. Se convirtió en una estrella mediática, liderando motines como el de la cárcel Modelo en 1984. En la cárcel, conoció la heroína, que se convirtió en una necesidad. Durante treinta años, su vida fue un vaivén entre la cárcel y breves periodos de libertad condicional, siempre volviendo a delinquir. A pesar de los intentos de reinserción, su adicción lo empujaba al delito. En 1999, tras fugarse de Cuatro Caminos, cometió 13 delitos en cinco días. Era inteligente y con don de palabra, incluso agradable con los funcionarios. Pidió a la opinión pública que le dejaran vivir una vida normal, con un trabajo y sin delinquir. Contrajo el VIH a causa de la heroína y falleció de cirrosis el 19 de diciembre de 2003, a los 42 años, convirtiéndose en un icono para jóvenes que crecieron en la delincuencia.
Palma Palmilla: La Pobreza en el Corazón de Málaga
Palma Palmilla, uno de los barrios más pobres de España, situado en Málaga, carece de infraestructuras básicas como sistemas educativos y sanitarios. Presenta altas tasas de desempleo, absentismo escolar, bloques de viviendas en ruinas, delincuencia y consumo de drogas. Los bloques de pisos están abandonados, sin luz, con ventanas sin cristales, ascensores rotos, cables quemados y acumulaciones de basura. Las humedades son un problema generalizado. Un vecino indigente vive en los soportales desde hace 15 años, consumiendo drogas y subsistiendo de la basura. Un bloque en ruinas, apuntalado desde hace años, alberga a numerosas familias, con el peligro de derrumbe. Un cortocircuito causado por goteras y aguas fecales en las calles agravan la situación. Un grupo de rumanos vive en una "chabola" construida con somieres, sin puerta, luz ni agua, pagando 240 euros mensuales. El consumo y venta de drogas es rampante. Un vecino, tras un accidente de coche cuando iba a comprar droga, perdió una pierna y parte de la cara, que fueron reemplazadas con titanio. Sigue consumiendo, habiéndose gastado 22 millones de pesetas de su indemnización en drogas. Un punto de consumo se encuentra a escasos metros de un colegio infantil. La falta de empleo empuja a la venta ambulante, la construcción, la delincuencia y la venta de drogas. Jóvenes de 14 o 15 años roban para conseguir motos y coches. El barrio está abandonado, con calles llenas de basura, sin asfaltar y con presencia de ratas. Los vecinos se quejan de la falta de seguridad y las frecuentes peleas. La presencia de inmigrantes es notable, y las peleas entre ellos son habituales. Palma Palmilla reúne las características de una zona desfavorecida, requiriendo soluciones eficaces para que sus habitantes puedan vivir dignamente.
Villa Miseria: Historias de Argentina, India y Kenia
1) La Loca Elena de Villa Elvira (Buenos Aires, Argentina)
América Latina es la segunda región con mayor desigualdad. En Buenos Aires, existen más de 800 villas miseria, donde vive el 25% de la población. La crisis de 2001 sumió a más del 55% de la población en la pobreza. Matilde Elena Tasi, "la loca Elena", de 63 años, vive desde hace 4 décadas en Villa Elvira, recogiendo basura en un carro de caballos. Su ganancia diaria es de 30 pesos (4€). Trabaja al margen de la Seguridad Social, sin protección alguna. Su casa está en condiciones precarias, rodeada de basura y sin iluminación. Carece de horno y lava la ropa en el baño. Su ducha es un teléfono de ducha conectado a un termo. Su vida ha estado marcada por los colegios de menores tras la separación de sus padres. Su marido murió atropellado hace 6 años. Su historia refleja la situación descrita por Davis en "Planeta de Ciudades Miseria": la desindustrialización obliga a las mujeres a improvisar nuevas formas de ganarse la vida.
2) Mongol Sarmakar, Sarasuti Mondol y Dipti Porchas en Calcuta (India)
En India, la sexta parte de la humanidad vive en barrios de chabolas. Calcuta cuenta con 2000 asentamientos marginales registrados y 3500 "ilegales" ("bustees"), situados junto a cursos de agua, puentes, vías de tren, etc., poniendo en riesgo la vida de sus habitantes. Mongol Sarmakar, conductor de bicitaxi, se preocupa por su hijo Nepal, enfermo desde hace tres años. Ha gastado todos sus ahorros, incluso vendiendo un terreno, para pagar los médicos. Su mujer, empleada doméstica, gana 1200 rupias al mes (20€). Su sobrino perdió una mano bajo un tren que pasa cada día. Dipti Porchas, de 62 años, vivía bajo un puente en una casa inundada. Murió a causa del Monzón, ya que su hijo no la llevó al hospital. Sarasuti Mondol vive en una chabola en la acera con sus 6 hijos, subsistiendo de la mendicidad. Sus hijos temen a las ratas.
3) Morris, Patrick Kimawachi y Sharon Kayalo en Kibera (Nairobi, Kenia)
Kibera, el barrio de chabolas más grande de África, carece de electricidad y agua. Morris Mbowo, de 21 años, camina 4 horas diarias para asistir a una escuela de informática gracias a una beca. Su motivación es su madre enferma y sus hermanos. Dependen de la caridad para alimentarse. Patrick Kimawachi y su mujer fundaron una escuela y un orfanato con 25 niños, muchos huérfanos a causa del sida y portadores de VIH. Los domingos, ayudan a la comunidad a través de la iglesia. La gente bebe buzaá para evadirse de la pobreza, lo que fomenta la delincuencia y la prostitución. A pesar de las 14 escuelas en Kibera, solo atienden a 20 mil de los 100 mil niños. El 30% de los residentes son portadores del VIH. Sharon Kayalo, de 5 años, huérfana de madre a causa del sida, está enferma. Su madrastra y su padre no tienen recursos para cuidarla. Tras los enfrentamientos postelectorales, su padre murió y Sharon desapareció. Patrick la encontró con sus abuelos y se comprometió a cuidarla. Estas historias muestran la pobreza extrema y las condiciones inhumanas en las que viven estas personas.
Bailando con el Diablo: Las Favelas de Río de Janeiro
Río de Janeiro, con 11,7 millones de habitantes, tiene un 20% de su población viviendo en más de 600 favelas, controladas por narcotraficantes o paramilitares. La policía mata a más de 1000 personas al año en sus operativos. El documental muestra la vida en las favelas desde tres perspectivas: Juarez "Spiderman" Mendes da Silva, capo de la droga; Dione "Jonny" dos Santos, pastor evangélico; y Leonardo "Joe" da Silva Torres, inspector de la brigada antidrogas.
Spiderman, de 28 años, controla una zona con la ayuda de Dios. Empezó en el narcotráfico a los 10 años por necesidad. Su objetivo es mejorar la situación de las favelas. Considera el narcotráfico como una forma de sobrevivir, empleando a entre 150 y 200 traficantes. Gasta 94.000 reales en sueldos, sin contar a policías y otros pagos. La regla en las favelas es: "No robar, no chivarse, no violar, no hacer nada que venga del diablo". Muestran el proceso de empapelamiento de la cocaína, con precios asequibles. Sus clientes son principalmente trabajadores.
El pastor Dione denuncia la violencia policial en las favelas. Los narcos protegen a la comunidad de la policía. Nació y creció en la favela, donde estuvo involucrado en el narcotráfico. Ahora, rescata vidas y saca a la gente del tráfico. Jóvenes torturados por los narcos son entregados a la iglesia para ser curados. En una misa, cuenta la historia de Duglas, un joven asesinado. Emprende un viaje a una comunidad peligrosa para predicar la palabra de Dios. Mantiene una relación con Spiderman, quien desea aceptar a Jesús.
El inspector Leonardo explica que los narcotraficantes poseen armamento pesado. Las guerras entre facciones por el control de las zonas son frecuentes. La violencia se debe al crecimiento descontrolado de las favelas, el consumo de drogas y el número de drogodependientes. 850 policías invaden el Complexo do Alemão para recuperar los cadáveres de traficantes. La última vez murieron 18 personas. Jacyr Ferreira Dos Santos Jr., inspector de policía, describe la valentía de jóvenes de 14 y 15 años que no temen a la muerte. La operación termina con un policía herido de bala, que muere semanas después. Spiderman muere en un enfrentamiento con la policía. En la favela, se dice que fue traicionado. El documental finaliza comparando el entierro del policía con los entierros en las favelas, mostrando la desigualdad social.