La Teoría de las Ideas de Platón: Dualismo Ontológico y Antropológico

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Consiste en afirmar que las ideas abstractas procedentes de las matemáticas, de la ética y, en general, de toda realidad sensible, tienen existencia y son reales. Existen en el mundo que se encuentra más allá del mundo sensible y que se conoce como mundo inteligible. Al distinguir entre dos mundos, Platón defiende una concepción dualista de la realidad, un dualismo ontológico.

Platón todavía va más allá, pues afirma que las ideas son la verdadera realidad, mientras que el mundo sensible es meramente apariencia, inconsistente. Las cosas sensibles son meras imitaciones o reflejos de las ideas y participan de ellas en mayor o menor medida. Platón simboliza la existencia y relación entre los dos mundos mediante el mito o alegoría de la caverna, en cuyo fondo (oscuridad) se representa la ignorancia del mundo sensible y en el exterior la sabiduría del mundo inteligible.

Platón hereda la convicción de que un conocimiento universalmente válido es posible y trata de demostrarlo preguntándose en qué consiste el conocimiento (oposición al relativismo sofista). El mundo sensible se encuentra, como defiende Heráclito, en constante cambio. Platón acepta este constante devenir de los seres sensibles de manera que no se puede decir que “son” sino que “cambian” o “están siendo”.

Así, la teoría de las ideas permite a Platón reconocer que existe algo que no cambia sin negar el mundo sensible. Explica la unidad en la diversidad, la existencia real de un elemento común a todos los objetos de una misma clase.

La teoría de las ideas o formas tiene, en Platón, tres objetivos:

  1. El conocimiento verdadero no puede tratar sobre los objetos. El verdadero conocimiento ha de versar sobre las ideas o formas. Su teoría le ofrece, por tanto, el objeto sobre el que ha de tratar la ciencia: las ideas.
  2. Platón necesita que existan valores universales porque solo así es posible rechazar el relativismo moral propugnado por los sofistas. Para Platón, para ser bueno o justo es necesario saber qué es la bondad o la justicia.
  3. La finalidad última de las concepciones platónicas se dirige, sin embargo, al ámbito político, a la organización de la ciudad. Para que en la polis haya justicia es necesario que haya gobernantes justos, es decir, que conozcan la idea de justicia y de bien. Los gobernantes para Platón han de ser filósofos y la filosofía es la única garantía de que haya gobernantes justos.

Todo este edificio teórico de Platón tiene sus bases en la división entre los dos mundos y este dualismo afecta también al ser humano (dualismo antropológico).

El Dualismo Antropológico: Alma y Cuerpo

Según Platón, hay en el hombre dos principios opuestos: el cuerpo y el alma inmaterial e inmortal. El cuerpo nos arrastra hacia lo material y dificulta el ascenso del alma hacia las ideas. Este dualismo antropológico se corresponde con el dualismo ontológico.

En lo que respecta al alma racional, su rasgo fundamental es la inmortalidad. La inmortalidad del alma permite establecer a Platón la posibilidad de conocimiento de las ideas. El alma ha existido con anterioridad en el cuerpo y le sobrevivirá después. Su unión con el cuerpo es meramente accidental porque el verdadero lugar del alma racional es el mundo de las ideas.

El alma está condenada por algún tipo de falta cometida a vivir en un cuerpo como en una prisión. Platón afirma que la muerte es la liberación del alma, aunque si no está suficientemente purificada deberá transmigrar a otro cuerpo nuevo y continuar el ciclo de reencarnaciones. Este dualismo supone una concepción negativa del cuerpo. Platón observará que en la conciencia humana se producen conflictos entre nuestra capacidad racional y nuestros impulsos irracionales y considerará la existencia en el alma de tres partes o funciones diferentes:

  1. El alma racional, inmortal e inteligente, Platón la sitúa en el cerebro.
  2. El alma irascible, de donde surgen las pasiones nobles, que muere con el cuerpo y que Platón sitúa en el tórax.
  3. El alma concupiscible, de la que surgen los apetitos, los deseos corporales. Es mortal como la irascible y se sitúa en el vientre.

Esta división de los tres tipos de almas la simboliza con el mito del carro alado, en el cual el auriga (alma racional) debe domar y mantener dóciles a los dos caballos, el blanco (alma irascible) y el negro (alma concupiscible).

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