La Romanización de Hispania: Un Proceso de Asimilación Cultural

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1. Introducción: La Conquista Romana de la Península Ibérica

La conquista romana de la península Ibérica duró dos siglos, desde el desembarco del ejército romano en Ampurias bajo el mando de Cneo Escipión en el año 218 a. C., hasta la derrota completa de los cántabros y astures en el año 19 a. C.

Las guerras que sostuvieron romanos y cartagineses se llamaron guerras púnicas (hubo tres).

Se enfrentan, pues, a unos cartagineses que no disponían de poderosos ejércitos, de tal manera que en el año 20 a. C. las regiones meridionales y levantinas ya estaban sometidas a los romanos e Hispania era considerada provincia romana.

2. Principales Factores de Romanización

Se entiende por romanización el lento proceso de asimilación de la cultura, de la civilización y del modo de vivir de los romanos por el pueblo hispano. Fue un fenómeno desigual: más rápido y profundo en el sur, y más tardío y menos intenso en el norte. Sin embargo, en líneas generales, puede decirse que Hispania fue una de las provincias donde la cultura romana arraigó con más fuerza. Y, dentro de Hispania, la romanización más intensa fue en la Bética, no solo por su cultura sino también porque fue desde el primer momento un objetivo prioritario por su estratégica posición en el extremo occidental del Mediterráneo y por sus enormes posibilidades económicas y comerciales, productoras y exportadoras a todo el Imperio: aceite, vinos, salazones de pescado, garum, oro.

2.1 Las Ciudades

Los romanos nos enseñaron su modelo de ciudad y, por motivos de comodidad, posibilidades, etc., la población pasó a vivir en las ciudades.

En Andalucía, región en torno al Betis (Guadalquivir), y por eso llamada Bética, fue donde hubo mayor concentración urbana. En tiempos del emperador Augusto, con 175 ciudades, Estrabón nos dice: "Han adoptado casi enteramente la manera de vivir romana, e incluso, han abandonado su lengua nativa. No falta mucho para que todos se conviertan en romanos". Entre estas ciudades destacan: Gades, Hispalis, Italica.

2.2 El Ejército

Fue un agente cultural de primer orden que estuvo en contacto con toda clase de pueblos, contribuyó en gran medida a romanizar el mundo, a extender la cultura romana por todo el mundo.

En lo que a España respecta, hay que decir que la presencia del ejército en la Península fue constante y numerosa desde el primer momento, contribuyendo de un modo muy constante en Hispania en general y particularmente en la Bética.

Muchos soldados, al licenciarse, decidieron quedarse a vivir en Hispania como colonos agrícolas, en lo que en el principio de la romanización eran campamentos, que luego fueron ciudades como Italica, Emerita Augusta.

2.3 La Lengua

De la gran variedad de lenguas prerromanas que existían en la Península, solo logró sobrevivir el euskera; las demás, en un proceso lento y desigual, fueron sustituidas por el latín, que les resultaba más cómodo, útil y práctico en sus relaciones comerciales, culturales y sociales. El aprendizaje de esta lengua se hizo en principio de viva voz y luego se fueron abriendo escuelas.

En el siglo I el latín está prácticamente generalizado en toda la península y, por supuesto, en la Bética, una de las regiones más romanizadas.

Mientras que en la Galia necesitaban servirse de intérpretes, los escritores más importantes hispanos que escribían y hablaban en latín eran: Séneca, Lucano y Marcial.

El conocimiento del latín fue necesario para las relaciones con la administración, para los procesos judiciales, para aspirar a la carrera política municipal. Además, se precisaba en las relaciones comerciales, ya que era la lengua universal en los países mediterráneos.

2.4 La Religión

La aceptación de la religión romana por los indígenas ayudó también a su romanización. La religión romana se fue imponiendo lentamente, latinizando los cultos autóctonos, en otros casos sustituyendo los existentes por los nuevos. El estado romano respetó las religiones indígenas, porque no veía en ello ningún peligro político.

Muy importante fue el culto imperial, que encontró gran eco en los pueblos de Hispania y de la Bética, donde ya desde antiguo se practicaba el culto a los jefes militares. Fue el emperador Vespasiano, de la dinastía Flavia, el que introdujo el culto del emperador en la Bética.

Este culto al emperador sirvió para cohesionar a los pueblos hispanos y ayudó a su romanización. El resto de los dioses acabó también por implantarse, sobre todo los más conocidos: Júpiter, Venus o Diana.

2.5 Las Vías de Comunicación

La extensa red viaria que proporcionaba el conjunto de calzadas romanas facilitó la comunicación entre las distintas legiones e impulsó el desarrollo del comercio y, por tanto, también la romanización.

Roma creó por toda la Península una amplia red de calzadas. Las más importantes fueron la Vía Augusta y la Vía de la Plata.

La Vía Augusta iba desde los Pirineos a Cádiz bordeando la costa, con un trazado similar al que en la actualidad sigue la autopista del Mediterráneo. La Vía de la Plata unía el norte peninsular, Mérida y Sevilla. Había también multitud de vías secundarias que ponían en comunicación entre sí las ciudades más importantes.

2.6 El Derecho de Ciudadanía

Este derecho constituía la aspiración común de todos los pueblos sometidos, ya que conllevaba grandes privilegios. Su extensión entre los indígenas contribuyó a su romanización.

Roma utilizó el derecho de ciudadanía como un premio y estímulo para la integración de los indígenas. El modo más habitual de obtenerla era alistarse como mercenario en las tropas auxiliares de las legiones o llegar a ocupar alguna de las magistraturas municipales.

2.7 La Extensión del Modelo Social Romano

Basado en la distinción entre dos grandes grupos de población: libres y esclavos.

Este fenómeno hizo que se fueran los indígenas agrupando, poco a poco, siguiendo este mismo modelo romano.

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