Romanización de Hispania y Legado Visigodo: Transformación y Unidad
Hispania Romana
La romanización fue el proceso cultural, económico, social y político fruto de la expansión y el asentamiento de los romanos en la Península Ibérica, consistente en la adquisición por las sociedades indígenas prerromanas de los rasgos que caracterizaron a la civilización romana. La intensidad del proceso fue distinta según las áreas, menor en el norte y mayor en el sur y en el este. Fue posible por la unidad política del Imperio, por la base lingüística de un idioma común y por la red de vías y comunicaciones que formaron la infraestructura del mundo romano. El proceso se inicia cuando los ejércitos de Escipión desembarcan en Ampurias en el 218 a.C. La conquista romana de Hispania fue consecuencia del choque entre el imperialismo romano y cartaginés desde el siglo III a. C. por el dominio del Mediterráneo Occidental.
La conquista de la Península por Roma se llevó a cabo en tres fases (1ª del 218 al 170 a.C., zona del Ebro, Levante y Sur; 2ª del 170 al 133 a. C., zona de la Meseta y Lusitania y 3ª del 27 al 19 a. C., cornisa cantábrica) y la colonización subsiguiente constituyen un fenómeno fundamental que determinará el sentido de la vida y cultura hispánica hasta nuestros días. Generó la unidad política de la Península mediante la superación del fragmentarismo de épocas anteriores; en segundo lugar, integró a los pueblos ibéricos en aquella gran empresa cultural que condujo, en suma, a la creación de Europa y al sistema de valores propio de la sociedad occidental.
La introducción y expansión de las formas de vida romanas fue en paralelo al desarrollo de la conquista de los territorios peninsulares, y fue de gran trascendencia gracias a la organización administrativa romana y, especialmente, por la creación de colonias fundadas por César y Augusto (Barcino (Barcelona), Caesar Augusta (Zaragoza), Hispalis (Sevilla)...), la ocupación militar a través de los campamentos, que terminaban siendo generalmente ciudades, y la creación de una densa red de comunicaciones.
Desde el 197 a.C. la zona sometida fue dividida en dos provincias, la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior. Al mando, un gobernador que tenía a su cargo una legión encargada de mantener el orden. Tras las guerras cántabras, Augusto reorganizó las provincias: Hispania Citerior se denominó Tarraconensis y la Hispania Ulterior quedó dividida en Baetica y Lusitania. En el siglo III, Diocleciano creó las provincias de Cartaginenses y Gallaecia. Tres aspectos muy importantes de la romanización, pero no los únicos, fueron:
- La lengua latina, a la vez oficial y privada, que constituyó el sustrato de los idiomas romances (castellano, gallego, catalán) entre los siglos VII y XII.
- El Derecho romano, que, en parte modificado, es todavía base sustancial de nuestro ordenamiento jurídico.
- La religión, que ha pervivido hasta nuestros días a causa de la romanización. En los primeros siglos, las autoridades romanas respetaron los dioses indígenas, algunos de los cuales se identificaron con los romanos. La tolerancia en materia religiosa exigía, a cambio, el culto al emperador como elemento de cohesión de los habitantes del Imperio.
En Castilla-La Mancha hay vestigios de la civilización romana, convirtiéndose las ciudades romanas de la actual región en focos de romanización. Destacó en la provincia de Guadalajara el núcleo de Segontia (hoy Sigüenza). En Toledo, Consaburum (hoy Consuegra) y Toletum (Toledo). En Ciudad Real, Laminium (Alhambra). A ello hay que unir el denso poblamiento rural con villae como la del Puente de la Olmilla en Albaladejo (Ciudad Real).
En los últimos siglos del Imperio romano se extendieron por él, y consecuentemente también por Hispania, diversos cultos orientales, entre ellos el cristianismo. Este fue perseguido en principio, pero debido a su carácter intimista, su mensaje de salvación por la promesa hecha por Jesús de Nazaret sobre la resurrección y su mensaje de amor y fraternidad entre los hombres, resultó muy atractivo, en principio y sobre todo, para los sectores sociales más humildes de las ciudades (esclavos, mujeres, plebeyos...).
El cristianismo debió llegar a la Península a mediados del siglo II, probablemente desde África, de comunidades judías que abrazaron el cristianismo. Sea como fuere, en el contexto de la crisis general del siglo III, esta religión fue el consuelo para muchas gentes de todos los segmentos sociales de todo el orbe romano, por lo que el emperador Constantino acabó por legalizarla en el año 313 mediante el Edicto de Milán.
Las primeras manifestaciones del cristianismo en Castilla-La Mancha datan del siglo III y se refieren a restos materiales, como son ruinas como en Segóbriga (Cuenca). Sarcófagos con motivos religiosos cristianos aparecieron en Tolmo de Minateda en Hellín (Albacete).
Monarquía Visigoda
Durante los siglos III y IV, los pueblos germánicos se fueron infiltrando en el Imperio Romano. En el 409, en Hispania entran violentamente los suevos, vándalos y alanos. Los visigodos, federados del Imperio, colaboran en la pacificación de Hispania. Solo los suevos resisten, con un reino en Gallaecia hasta el 585. Los visigodos estaban muy romanizados. Hacen un pacto (foedus) con Roma, por el que reciben territorios. En el 416, asentados entre Galia e Hispania, organizan una monarquía en torno a Toulouse hasta que son expulsados por los francos y organizan su reino con capital en Toledo.
Leovigildo, en el siglo VI, consiguió la unidad política de la península (contra suevos, vascos y bizantinos del sur). Luego, por la conversión al catolicismo del rey Recaredo en el III Concilio de Toledo, se consiguió la unidad religiosa. En el siglo VII, Recesvinto publica el Fuero Juzgo que consigue la unidad jurídica (un solo Derecho para visigodos e hispanos).
Organización Política
La organización política de los visigodos se basaba en el derecho germánico. La institución fundamental de gobierno era la Asamblea de los hombres libres, en la que residía el poder del reino, que era dado a un rey (monarquía electiva). Los reyes más poderosos trataron de hacerla hereditaria, sin lograrlo. Por eso hay gran inestabilidad política y debilidad de los reyes ante los grandes señores, sobre todo cada vez que había un cambio de rey, y que influyó mucho en el fin del reino en el 711 tras la invasión musulmana.
Economía y Sociedad
La economía y sociedad visigoda continúa el camino iniciado en el Imperio romano: una sociedad rural y agraria, de subsistencia, con el desarrollo jerárquico de las “relaciones personales” desde el rey hasta los esclavos. Domina la nobleza jerarquizada, sobre una gran mayoría de población que son campesinos libres (colonos), pero en realidad ligados a la tierra y al señor por vínculos de dependencia personal. Se evoluciona hacia el modelo social feudal propio de la Edad Media.