Principales hitos del proceso de hominizacion
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El Homo heidelbergensis de hace 400 mil años representa un rubicón en el proceso de complejidad del comportamiento humano -un punto de inflexión hacia una fuerte aceleración en dicha complejidad-, relacionado con cambios en las estructuras cerebrales y en el comportamiento social.
En primer lugar, se intensificó el poblamiento de Europa, que hasta ese momento está representado en pocos yacimientos, concentrados, además, en la parte meridional del continente.
A partir de hace 400 mil años, encontramos ocupaciones en latitudes septentrionales, momento en el que parecen encontrarse igualmente las primeras evidencias seguras de control del fuego.
Por otra parte, algo más tarde se produjo la aparición de un nuevo sistema tecnológico para fabricar herramientas líticas, llamado Modo 3.
Esta nueva tecnología empezó a generalizarse hace 200 mil años, momento igualmente coincidente con el de la socialización del uso del fuego.
El control del fuego representó uno de los elementos socializadores básicos en el proceso de humanización, y su uso establecíó nuevas formas de comportamiento entre los humanos.
El fuego es un foco de atracción social, lo que permitíó la concentración de miembros de la comunidad en torno a un punto de referencia: el hogar, alrededor del cual el intercambio de ideas y experiencias a través del lenguaje debíó de verse facilitado por la luz y por la comodidad de un lugar de tales carácterísticas.
Así, la narración de los procesos de supervivencia del grupo pudo ser expresada y relatada, favoreciendo la transmisión de información y garantizando su adquisición por parte de todos los miembros.
Ello, a su vez, podría haber favorecido el desarrollo del pensamiento simbólico. El propio lenguaje articulado pudo progresar al necesitar cada vez mayor cantidad y variedad de conceptos que explicitaran el funcionamiento de los grupos.
En resumen, el fuego tuvo un papel fundamental en el proceso de socialización del primate humano y, por tanto, se debíó de convertirse en un elemento vertebral sobre el que se organizaron las diferentes relaciones sociales, especialmente a partir del Homo heidelbergensis, que se convirtió en una especie particularmente compleja.
Los homínidos de Homo heidelbergensis de la Sima de los Huesos (Atapuerca), probablemente depositados por sus congéneres de forma intencional hace más de 400 mil años, son un botón de muestra de este proceso de complejidad creciente.
El depositar a los muertos en lugares relativamente inaccesible formó parte de una tradición social relacionada con el pensamiento simbólico y con el descubrimiento del paso del tiempo y del proceso biológico.
El umbral de la complejidad que alcanzaron los homínidos de hace 400 mil años tuvo que tener raíces económicas, porque no existen procesos de socialización importantes que no impliquen la acumulación de energía de forma sistemática y constante.
Seguramente se trató de nuevas estrategias de caza más operativas, de métodos de conservación más eficaces de los alimentos o de estrategias de control y uso del territorio más organizadas....
El Homo heidelbergensis es el protagonista europeo de una nueva forma de adaptación de los homínidos al medio.
No existe un momento definido en el que los homínidos hayamos atravesado la línea que separa la hominización, que es biológica, de la humanización, que es cultural y comportamental. De hecho, la humanización no es un momento, ni siquiera un proceso lineal.
Es un proceso en que el que una serie de adquisiciones se acumulan en torno a los 400 mil años, y producen un efecto sinérgico que hace estallar el proceso de humanización, acelerando el tiempo, la tasa a la que ocurre la socialización de las nuevas estrategias adquiridas.
No obstante, también es verdad que a pesar de todos los cambios que se produjeron, la socialización más operativa del primate humano no llega hasta mucho más tarde.
Es el Homo sapiens quien acumula e integra toda la diversidad del comportamiento cultural y técnico habido hasta el momento, y dimensiona una humanidad que, de forma vertiginosa, se aleja de sus propiedades etológicas en sus construcciones técnicas, pero no todavía en su comportamiento.
La transformación de la humanidad es un proceso de complejidad creciente que se articula a través del espacio y del tiempo.