Música y danzas de salón romanticismo

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La ópera en alemania: El iniciador de la ópera romántica alemana es Carl Maria von Weber (1786-1826) con obras de argumentos legendarios en los que la naturaleza y lo sobrenatural son protagonistas. Su ópera más conocida es El cazador furtivo. La gran figura de la ópera alemana es Richard Wagner (1813 - 1883) que, partiendo de la tradición romántica, inicia una gran reforma del género de enorme trascendencia en toda la música posterior. Wagner concibe la ópera como una «obra de arte total» en la que se aglutinan todos los elementos (poesía, música, escenarios, acción) de forma inseparable. Su idea es crear un «drama musical» continuo en el que las escenas se encadenan sin distinción utilizando técnicas como el «leitmotiv», la «melodía infinita» sin marcar cadencias claras, un tratamiento protagonista de la orquesta con grandes efectos colorísticos y dinámicos, y armonías cromáticas en constante modulación. Los textos de sus óperas, escritos por el propio Wagner, están inspirados en la mitología germánica. Entre sus monumentales obras destacan Tannhauser, la tetralogía de El anillo de los Nibelungos y Tristán e Isolda.

El piano:
Es el instrumento preferido del Romanticismo ya que, por sus características, permite la interpretación y la expresión individual del sentimiento. En esta época el piano llega a su máxima perfección técnica gracias a los grandes fabricantes (Pleyel, Erard) que han mejorado el sistema de palancas para hacer el teclado más sensible al toque del intérprete y han añadido el pedal de resonancia que permite liberar y mantener el sonido.


Los compositores románticos, aprovechando las capacidades expresivas del piano, crean pequeñas «piezas de carácter» compuestas sobre estructuras simples o libres, en las que dan rienda suelta a los sentimientos y la fantasía. Los títulos de estas piezas son muy variados y reflejan sentimientos intimistas (nocturno, balada, preludio), imaginación (rapsodia) o recurren a temas y danzas populares (vals, polonesa, mazurca). Entre los compositores más destacados de música para piano figuran Franz Schubert, Fréderic Chopin, Robert Schumann y Franz Liszt. Chopin y Liszt fueron, además, los más grandes intérpretes de su tiempo, rivalizando en su virtuosismo al piano con brillantes composiciones de extraordinaria dificultad.

Los nacionalismos: Los Nacionalismos surgen a mediados del siglo XIX como un componente más del movimiento romántico que busca acentuar la individualidad y la autonomía musical y cultural de los distintos países. Muchos de los compositores románticos ya habían utilizado fuentes propias de su folclore. A partir de las revoluciones europeas de 1848 se desarrolla realmente una conciencia nacionalista en la que cada país busca resaltar su identidad rescatando su tradición cultural y su folclore. Este movimiento adquiere especial importancia en aquellos países que apenas habían tenido peso en el desarrollo artístico dejándose dominar por la influencia de otras naciones. Rusia, Hungría, Checoslovaquia, los países Escandinavos, España, algunos países de Hispanoamérica o Estados Unidos, buscan salir de su inferioridad cultural investigando su historia y recuperando sus tradiciones. La música nacionalista se caracteriza por el uso del folclore en dos formas distintas: a) Copiando literalmente las fuentes, por ejemplo introduciendo una melodía tradicional dentro de una obra. b) Imitando o recreando sus rasgos musicales característicos: escalas y patrones melódicos, ritmos de danzas, técnicas de variación, etc.

Los grandes ballets románticos



El ballet sigue evolucionando hacia el virtuosismo técnico, creando nuevos artificios escénicos y conquistando nuevas posturas y figuras más estilizadas. El estreno de La sílfide es el acontecimiento que marca el inicio del verdadero ballet romántico, imponiendo el baile de puntas, uno de los avances con mayor repercusión en la técnica de danza, y el tutú de muselina blanca. A finales del siglo XIX el ballet romántico recupera su hegemonía en Moscú gracias a la llegada del coreógrafo francés. Petipa inventó nuevos movimientos como el «pas de deux, consiguió que el cuerpo de baile actuara como protagonista en agrupaciones numerosas y concedió a la danza masculina la misma presencia que a la femenina. La colaboración de Marius Petipa con Tchaikovsky produjo obras maestras como El lago de los cisnes, La bella durmiente del bosque y Cascanueces.

La danza de salón:
Con la decadencia del Antiguo Régimen desapareció la danza cortesana y su lugar fue ocupado por las nuevas danzas de salón de la nueva sociedad burguesa. En el siglo XIX surgirán gran número de danzas de carácter marcado y enérgico,  alcanzan una gran popularidad en los salones de baile de las principales capitales europeas.


La danza que tuvo mayor aceptación y popularidad durante toda la época fue el Vals, que alcanzó en la ciudad de Viena un particular esplendor con los compositores Johann Strauss I y su hijo, Johann Strauss II aclamado en sus giras mundiales como «el rey del vals». El Vals es una danza en ritmo ternario y movimiento rápido en la que las parejas bailan estrechamente abrazadas desplazándose en amplios círculos.

El Romanticismo comprende prácticamente todo el siglo XIX y es la época más brillante de la historia de la música ya que, por primera vez, el lenguaje del sonido adquiere la categoría de lenguaje privilegiado sobre el resto de las artes. La música romántica es fruto de la nueva sociedad surgida de la Revolución Francesa, que exalta la libertad del hombre por encima de todas las cosas. El compositor ya no está atado a un mecenas y es admirado y reconocido como «genio» creador por el público. La pretensión romántica de «el arte por el arte», sin condicionantes, lleva a la música a una gran libertad formal y expresiva donde la melodía es el elemento más importante, el movimiento y la pulsación son más flexibles y los efectos dinámicos constantes. Habrá una rica producción de pequeñas formas de carácter íntimo escritas para piano y voz, pero también grandes formas espectaculares como la ópera y la música sinfónica. El Nacionalismo surge como un componente más del Romanticismo que busca reforzar la idea de individualidad, de destacar lo característico y lo propio a través del uso del folclore.

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