Metamorfosis en la Mitología Griega: Historias de Transformación

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Narciso y Eco

Narciso era un joven de excepcional belleza, hijo del dios río Céfiso y de la ninfa Liríope. Desde su nacimiento, los dioses predijeron que viviría una vida larga y feliz siempre y cuando nunca conociera su propia imagen.

Un día, mientras Narciso se encontraba cazando en el bosque, la ninfa Eco lo vio y quedó enamorada de él al instante. Sin embargo, Eco había sido castigada por Hera para que solo pudiera repetir las últimas palabras de otros, debido a que había distraído a la diosa con sus charlas mientras Zeus tenía aventuras amorosas. Cuando Eco se acercó a Narciso para expresar su amor, solo pudo repetir sus propias palabras, incapaz de confesar sus sentimientos directamente. Al no recibir respuesta de Narciso, Eco se sintió rechazada y desconsolada. Consumida por su amor no correspondido, se retiró a vivir en las profundidades del bosque, donde su cuerpo se fue desvaneciendo hasta que solo quedó su voz, que resonaba entre los árboles.

Mientras tanto, Narciso continuó su camino por el bosque, ajeno al dolor que había causado. En un momento, se detuvo junto a un arroyo para beber agua. Al mirar en el agua, vio su propia imagen reflejada por primera vez. Fascinado por su propia belleza, Narciso quedó atrapado por su reflejo y se enamoró profundamente de sí mismo. Cada vez que intentaba tocar su imagen, esta se desvanecía en el agua.

Narciso se consumió de amor por su propio reflejo y se quedó junto al arroyo, perdiendo el interés por todo lo demás, incluso por la comida y el agua. Finalmente, incapaz de separarse de su reflejo, Narciso se quedó inmóvil junto al arroyo hasta que su cuerpo se transformó en una flor: la flor del narciso.

Eco, quien todavía amaba a Narciso en su forma transformada, lamentaba su trágico destino. Desde entonces, se dice que su voz sigue resonando en los bosques, repitiendo las palabras de otros, pero nunca pudiendo expresar sus propios sentimientos.

Piramo y Tisbe

Piramo y Tisbe eran jóvenes amantes que vivían en Babilonia, separados por el odio de sus familias. A pesar de la rivalidad entre sus padres, los dos jóvenes se comunicaban a través de una rendija en el muro que dividía sus casas contiguas. Se enamoraron profundamente, pero su relación era secreta.

Un día, decidieron encontrarse en la cercana arboleda de moreras. Acordaron encontrarse junto a un manantial bajo un árbol de morera blanco. Tisbe llegó primero y, al esperar a Piramo, vio un león que había matado a una presa y luego se había ido a beber agua al manantial. Tisbe, llena de miedo, huyó rápidamente dejando caer su velo blanco en su prisa por escapar.

Cuando finalmente Piramo llegó al lugar de encuentro y encontró el velo de Tisbe, pensó que había sido devorada por la bestia. Desesperado y lleno de dolor, se apuñaló con su propia espada bajo el árbol de morera. Sus últimas palabras fueron una petición a los dioses para que sus cuerpos pudieran descansar juntos para siempre.

Poco después, Tisbe regresó al lugar del encuentro, todavía temblando de miedo. Descubrió el cuerpo sin vida de Piramo y, angustiada, tomó la misma espada y se apuñaló a sí misma, uniéndose a él en la muerte. Sus plegarias fueron escuchadas por los dioses, quienes, conmovidos por el amor puro de los jóvenes amantes, decidieron cambiar el color de las bayas de morera de blanco a rojo en memoria de su trágica historia.

Así, Piramo y Tisbe, en su amor y desesperación, fueron transformados en las bayas de morera, sus cuerpos ahora fundidos en la esencia de la fruta misma, una eterna representación de su amor perdurable y su destino trágico.

Ceres y Proserpina

Venus provoca el deseo en Plutón, el dios del inframundo. Plutón es el tío de Proserpina, ya que es el hermano de Júpiter, el padre de Proserpina.


Ceres, la diosa de la agricultura y la cosecha, era la madre de Proserpina, una hermosa y
joven doncella. Proserpina pasaba la mayor parte de su tiempo jugando y explorando los
campos y los bosques, disfrutando de la naturaleza y la belleza del mundo. Un día, mientras Proserpina estaba recogiendo flores en un campo, Plutón, el dios del
inframundo, la vio y quedó cautivado por su belleza. En un acto impulsivo, Plutón emergió
de las profundidades de la tierra y secuestró a Proserpina, llevándola consigo al inframundo
para ser su esposa.Ceres, desconsolada por la desaparición de su hija, buscó por todo el mundo, sin descanso,
durante nueve días y nueve noches, sin encontrar rastro de Proserpina. Finalmente, en el
décimo día, la diosa Helios, el Sol, le reveló lo que había sucedido y quién era el
responsable del rapto de su hija. Llena de ira y dolor, Ceres abandonó su deber de nutrir la tierra y hacerla fértil. La tierra se
volvió estéril y fría, las plantas se marchitaron y la cosecha se perdió. La humanidad sufrió,
ya que el hambre y la desesperación se apoderaron del mundo. Los otros dioses, preocupados por el sufrimiento de la humanidad y la tierra, intervinieron y
exigieron a Plutón que liberara a Proserpina. Plutón, aunque renuente, accedió a dejar que
Proserpina regresará al mundo superior, pero antes de hacerlo, le dio una granada para comer, sabiendo que si Proserpina consumía alimentos del inframundo, estaría atada a él para siempre. Proserpina, sin darse cuenta de las consecuencias, comió seis semillas de la granada antesde ser devuelta a Ceres.  

Cuando madre e hija finalmente se reunieron, Ceres estaba llena
de alegría, pero pronto se enteró de la verdad sobre las semillas de granada. Como
resultado, Proserpina estaba obligada a pasar seis meses del año en el inframundo con
Plutón y seis meses en la tierra con su madre.
Así, la historia de Ceres y Proserpina explica el ciclo de las estaciones: cuando Proserpina
está en el inframundo con Plutón, Ceres está afligida y la tierra se vuelve estéril, marcando
el invierno; pero cuando Proserpina regresa a la tierra, Ceres se llena de alegría y la tierra
se vuelve fértil y abundante, representando la primavera y el verano.
Aracne 
Ariadna era la hija del rey Minos de Creta, y su vida se entrelazó con la historia del laberinto y el Minotauro. El rey Minos, para castigar a Atenas por la muerte de su hijo, exigió un tributo anual de siete jóvenes y siete doncellas para ser entregados al laberinto, donde el Minotauro, una criatura mitad hombre y mitad toro, los devoraba.Cuando Teseo, el príncipe de Atenas, llegó a Creta como parte de este tributo, Ariadna
quedó cautivada por su valentía y determinación. Decidió ayudarlo a enfrentarse al
Minotauro y salir del laberinto con vida. Ariadna, con su amor por Teseo y su ingenio, ideó un plan para ayudarlo a derrotar al
Minotauro y escapar del laberinto. Le dio a Teseo un ovillo de hilo y le indicó que lo atara a
la entrada del laberinto y lo desenrollara mientras avanzaba, de modo que pudiera encontrar
su camino de regreso siguiendo el hilo. Teseo siguió el consejo de Ariadna y, armado con el ovillo de hilo, entró al laberinto. Una
vez dentro, encontró al Minotauro y lo derrotó con la ayuda del hilo que lo guiaba de
regreso. Después de matar a la bestia, Teseo siguió el hilo de vuelta y escapó del laberinto junto con los otros jóvenes atenienses.
Ariadna, enamorada de Teseo y decidida a ayudarlo, escapó de Creta con él. Sin embargo,
su destino tomó un giro trágico. Durante su viaje de regreso a Atenas, hicieron una parada
en la isla de Naxos. Mientras Ariadna dormía, Teseo la abandonó en la isla. Al despertar y
darse cuenta de su abandono, Ariadna se encontró sola y desolada en la isla.
En su desesperación, la diosa Afrodita se compadeció de Ariadna y la transformó en una
constelación, conocida como la Corona Boreal o Corona de Ariadna, que brilla en el cielo
nocturno como un recordatorio de su amor y su trágico destino.


Dédalo era un hábil inventor y arquitecto en la isla de Creta. Fue él quien construyó el
famoso laberinto por orden del rey Minos para encerrar al Minotauro, una criatura mitad
hombre y mitad toro. Sin embargo, Dédalo y su hijo Ícaro terminaron siendo encerrados en
el laberinto por el propio rey Minos, ya que Dédalo había ayudado a Teseo a derrotar al
Minotauro. Para escapar del laberinto, Dédalo ideó un ingenioso plan: construyó unas alas utilizando
plumas y cera, y las unió con habilidad a sus propios hombros y a los de Ícaro. Antes de
emprender el vuelo, Dédalo advirtió a Ícaro que volara a una altura intermedia, ni
demasiado cerca del mar porque la humedad podría dañar las alas, ni demasiado cerca del
sol porque el calor podría derretir la cera.
Sin embargo, Ícaro, seducido por la emoción del vuelo y la sensación de libertad, ignoró las
advertencias de su padre y comenzó a ascender hacia el sol. A medida que volaba más
alto, la cera que unía las plumas de las alas comenzó a derretirse, y Ícaro se dio cuenta
demasiado tarde de su error. Sus alas se deshicieron y él cayó en picada hacia el mar.
Dédalo, impotente ante la tragedia, observó horrorizado cómo su hijo caía al agua y
desaparecía bajo las olas. El lugar donde Ícaro cayó recibió el nombre de Ícaro, en memoria
de su fatídico vuelo. Dédalo, desconsolado por la pérdida de su hijo, continuó su viaje hasta llegar a Sicilia,
donde fue acogido por el rey Cócalo. Dédalo continuó con su legado como inventor y
arquitecto, pero su corazón estaba roto por la pérdida de Ícaro.
La metamorfosis de Dédalo no es tan literal como la de Ícaro. En lugar de una
transformación física, su metamorfosis radica en su cambio emocional y mental debido a la
pérdida de su hijo y el peso de la culpa que lleva consigo por no haber podido salvarlo. La
historia de Dédalo e Ícaro sirve como una advertencia sobre los peligros del exceso de
ambición y la imprudencia.
ifis y lante En la isla de Creta, vivía una joven llamada Iphis, cuyo padre, Ligdus, esperaba un hijo
varón. Cuando Iphis nació, en lugar de un hijo, resultó ser una niña. Ante la decepción de su
padre y la práctica cultural de la época que valoraba más a los hijos varones, Ligdus decidió
ocultar el género de su hija y criarlo como a un niño. Iphis creció como un niño, educado en las artes de la caza y la guerra, y llevando una vida
que ocultaba su verdadera identidad de género. Sin embargo, a medida que crecía,
desarrolló sentimientos de amor por una joven llamada Ianthe. Este amor era correspondido
por Ianthe, pero ambos se enfrentaban al dilema de la incompatibilidad de género en suunión.


La boda entre Iphis y Ianthe se aproximaba, pero Iphis se desesperaba por la perspectiva
de no poder casarse con Ianthe debido a su identidad de género. En medio de su angustia,
Iphis rezó a los dioses para encontrar una solución a su problema. Al escuchar sus súplicas,
la diosa Isis se compadeció de la joven y decidió intervenir.
En respuesta a las oraciones de Iphis, Isis transformó milagrosamente a Iphis en un
hombre. Cuando Ligdus y los demás se enteraron de esta metamorfosis, quedaron atónitos
y agradecidos por el cambio que permitió a Iphis casarse con Ianthe. La boda se llevó a
cabo y la pareja vivió felizmente, librada del peso de la preocupación por la identidad de
género de Iphis.
Orfeo y Eurídice
Orfeo era un talentoso músico y poeta, hijo de Apolo, el dios del sol, y de la musa
Calíope. Se enamoró profundamente de Eurídice, una hermosa ninfa, y juntos planeaban
casarse y vivir una vida feliz.
Sin embargo, en el día de su boda, Eurídice fue mordida por una serpiente venenosa
mientras caminaba por un prado, y murió instantáneamente. Orfeo, devastado por la
pérdida de su amada, decidió descender al inframundo para intentar recuperarla.
Con su lira mágica, Orfeo encantó a los guardianes del inframundo, incluido el temible
Cerbero, y logró llegar ante Hades y Perséfone, los reyes del inframundo. Conmovidos por
la música y la tristeza de Orfeo, Hades y Perséfone accedieron a devolverle a Eurídice, con
una condición: Orfeo debía guiarla de vuelta al mundo de los vivos sin mirar hacia atrás
hasta que estuvieran completamente fuera del inframundo.
Orfeo aceptó la condición y comenzó el camino de regreso con Eurídice siguiéndolo. Sin
embargo, en su ansiedad y duda, Orfeo no pudo resistir la tentación de mirar hacia atrás
para asegurarse de que ella lo seguía. En el último momento, justo antes de salir del
inframundo, Orfeo volteó la cabeza para mirar a Eurídice, pero ella aún estaba en las
sombras del inframundo y desapareció para siempre.
Eurídice fue llevada de vuelta al inframundo, y Orfeo, desgarrado por el dolor y la pérdida,
quedó solo en el mundo de los vivos. Después de este trágico suceso, Orfeo se retiró de la
compañía de los mortales y pasó el resto de sus días lamentando su pérdida, tocando
canciones de tristeza y melancolía que conmovían incluso a las rocas y los árboles.
La metamorfosis de Orfeo y Eurídice representa la fragilidad del amor humano y la
imposibilidad de recuperar lo perdido. Es un cuento de pérdida, sacrificio y el poder
inquebrantable del destino.


APOLO Y JACINTO Jacinto era un hermoso joven espartano, hijo del rey espartano Amiclas. Era muy
apreciado por su belleza y gracia, y tanto mortales como dioses quedaban cautivados por
él. Uno de estos dioses era Apolo, el dios del sol, la música y la poesía, quien quedó
profundamente enamorado de Jacinto.
Apolo pasaba mucho tiempo con Jacinto, enseñándole a usar el arco y la lira, y
compartiendo momentos de alegría y compañía juntos. Sin embargo, había alguien más que
también anhelaba la atención de Jacinto: Zéfiro, el dios del viento del oeste.
Un día, mientras Apolo y Jacinto jugaban juntos lanzando un disco, Zéfiro, celoso y
resentido, desvió el disco para que golpeara a Jacinto en la cabeza. El golpe fue mortal, y
Jacinto cayó al suelo gravemente herido. Apolo corrió hacia Jacinto, pero ya era demasiado tarde. A pesar de sus habilidades divinas,
no pudo salvar a su amado. Lleno de pesar y desesperación, Apolo lamentó la pérdida de
Jacinto y deseó poder revivirlo o, al menos, preservar su recuerdo.
Los dioses, conmovidos por el dolor de Apolo, transformaron la sangre de Jacinto en una
flor hermosa y fragante que lleva su nombre: la jacinto. Esta flor, de colores vibrantes y
forma delicada, sirvió como un recordatorio eterno del amor y la tragedia entre Apolo y
Jacinto.

Febo transforma a Jacinto en una flor de jacinto. La particularidad de esta flor es que
en los pétalos se puede leer "Ai" o "Ai, ai" que son las lamentaciones de Apolo por la muerte de Jacinto.

deucalión y pirra:     zeus, gea, prmeteo-deucalión, pirra, monte parnaso de fócide, hermes, óraculo de temis

dafne: apolo (dio solar), pitón (serpiente)-arco y flechas, eros (dios del amor), flecha oro y plomo, dafne (ninfa de árboles), peneo (dios del río), laurel. dane es comparada con la diosa artemisa (diosa de la caza y naturaleza salavaje)- diosa conocida x su virginifad y rechazp a propuestas amorosas, reflejo del deseo de dafne de mantenerse pura e inalcanzable.

faetón:  helios/apolo (dios del sol), clímene (featón y hermanas HELÍADES) , cieno (amigo), carro solar y recorrer los ciels durante un día, gea sufre agonía, zeus fulmina a f con sus rayos, F cae del carruaje en el río Erídano.

acteón y diana: acteón cazador aventuró bosques de beocia grecia con sus perros de caza, ninfas y diana/artemisa bañando desnudas, diana castiga a acteón (ciervo), perros persiguieron y despedazaro a acteón, nadie sin conocer su identidad y trágico destino.

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