Juicio, Cielo, Purgatorio e Infierno: Destino Final del Alma según la Doctrina Cristiana
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Juicio, Cielo, Purgatorio e Infierno: El Destino del Alma
El Juicio Divino
El juicio de Dios es el acto que fijará para siempre el destino del hombre: la salvación o la condenación eternas. La fe distingue dos juicios:
- Juicio Particular: Es la valoración que se hace en el momento de la muerte. Fija la suerte eterna que cada uno recibe inmediatamente en su alma inmortal. Se hace en relación con la fe y con las obras que cada uno haya vivido en la tierra.
- Juicio Final: Es la sentencia de vida plenamente feliz o de condena eterna que Jesucristo, como juez de vivos y muertos, emitirá después de la resurrección de los muertos. Tras el juicio final, el hombre alcanzará la plena comunión con Dios, unido el cuerpo glorioso al alma para siempre, o la condena para la eternidad. El juicio final tendrá lugar al fin del mundo, del cual solo Dios conoce el día y la hora.
El Cielo
El Cielo es el lugar en el que se manifiesta la grandeza y majestad de Dios, y es alabado por los ángeles, los patriarcas, los apóstoles y los santos. La doctrina cristiana enseña que los que mueren en la gracia de Dios y son puros van a la casa del Padre y viven por siempre en la felicidad de la vida divina. El cielo es la felicidad suprema y definitiva que nadie puede arrancar. No se trata de un lugar, sino de un modo de vida pleno y perfecto. El cielo no es una meta que el hombre pueda alcanzar con mera fuerza natural, sino un don que Dios otorga como acción redentora de Jesucristo.
El Purgatorio
Los que mueren en gracia y amistad de Dios, aunque no estén perfectamente purificados de sus pecados, tienen la seguridad de la salvación, pero primero necesitan purificarse. Esta purificación es distinta del castigo de los condenados. Esta enseñanza tiene un buen punto de apoyo en la práctica de oración por los difuntos. Ya los primeros cristianos honraron la memoria de los difuntos y ofrecieron sufragios en su favor. Con el fuego purificador se purifican los pecados pequeños y menudos que, aun después de la muerte, pesan, si bien fueron perdonados en vida. Las almas detenidas en el purgatorio se purifican por la deuda debida a la justicia divina.
El Infierno
Jesucristo habla del fuego eterno reservado a los que rehúsan creer y convertirse. Jesús anuncia en términos graves que enviará a sus ángeles y apartarán de su reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego; allí habrá llanto. Con la palabra infierno se designa la autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados. Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor de Dios significa permanecer separados de Él por nuestra libre elección. Estas almas descienden a los infiernos inmediatamente y allí sufren la pena de daño y de sentido: privación de la amistad eterna con Dios y sufrimiento causado por el desorden con el que se ha usado las cosas creadas.