Filipo II y Alejandro Magno: La Unificación de Grecia y la Conquista del Imperio Persa

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Filipo II (359-336 a. C.): Unificación de Grecia

Formación y Consolidación (359-356 a. C.)

Antes de subir al trono de Macedonia, Filipo II había pasado tres años en Tebas como rehén. Allí recibió una esmerada educación griega y aprendió las tácticas militares de los tebanos. Durante sus tres primeros años de gobierno, Filipo unificó Macedonia, organizó el ejército introduciendo una nueva disciplina y creando la falange macedónica, y dio a su reino salida al mar conquistando la costa norte del mar Egeo.

Hegemonía en Grecia (356-338 a. C.)

Filipo II pretendía unificar Grecia bajo la hegemonía de Macedonia. Las guerras sagradas entre las distintas polis proporcionaron a Filipo la oportunidad de intervenir en los asuntos internos de Grecia: Focidia (región de Grecia Central) se había apoderado de los tesoros del santuario de Delfos y Filipo ayudó a la anfictionía de Delfos a recuperarlo.

En contrapartida, Macedonia pasó a ser miembro de la Asamblea ocupando el puesto de los focidios y Filipo consiguió su presidencia. Ello supuso el reconocimiento del rey macedonio como griego y el de Macedonia como reino helénico.

Aunque la anfictionía no era una asociación política, Filipo de Macedonia supo hacer de ella un instrumento de su política.

Las ciudades griegas se dieron cuenta de la auténtica intención de Filipo. Esto motivó que Atenas y Tebas se unieran contra el enemigo común y se enfrentaran a él en la batalla de Queronea (338 a. C.). Ambas polis fueron vencidas. Tebas sufrió una dura ocupación, mientras que Atenas fue perdonada.

Preparación de la Guerra contra Persia (338-335 a. C.)

El mismo año de la batalla de Queronea, Filipo convocó en Corinto una asamblea a la que acudieron todos los estados griegos excepto Esparta. En ella expuso su intención de atacar Persia. Fue nombrado general en jefe de los ejércitos griegos y empezó a preparar la expedición contra el Imperio Persa, como respuesta a la destrucción de los santuarios griegos llevada a cabo por los persas en el 480 a. C.; pero fue asesinado antes de iniciar la campaña.

Alejandro Magno (356-323 a. C.): La Conquista del Imperio Persa

A los veinte años, Alejandro Magno (rey de Macedonia) heredó el trono de su padre Filipo y siguió sus pasos en el gobierno.

Consolidación (336 a. C.)

Lo primero que hizo Alejandro fue afianzarse en el trono eliminando a sus hermanastros y otros parientes que pudieran hacerle sombra. Después, aseguró las fronteras de Macedonia frente a los bárbaros y se dirigió a Grecia a reclamar los honores que se habían concedido a su padre.

Hegemonía en Grecia (335-334 a. C.)

Tebas y Atenas, las ciudades vencidas en Queronea, creyeron que con la subida al trono del joven rey podrían liberarse de la hegemonía macedónica y se sublevaron contra Alejandro. Este arrasó Tebas (335 a. C.); sin embargo, Atenas fue perdonada una vez más debido a su glorioso pasado.

Después de estos sucesos, el Congreso de Corinto, donde estaban representados todos los estados griegos salvo Esparta, nombró a Alejandro general en jefe de los ejércitos griegos (334 a. C), como antes hiciera con Filipo. Alejandro inició los preparativos para la empresa que su padre no pudo comenzar: invadir Persia.

Conquista del Imperio Persa (334-323 a. C.)

Asia Menor

En primer lugar, Alejandro penetró en Asia Menor donde se enfrentó y derrotó al rey persa Darío III en la batalla de Gránico (334 a. C.).

Satrapías Mediterráneas

Alejandro se dispuso a borrar para siempre la posibilidad de que una flota persa navegara por el Mediterráneo; para ello debía conquistar las provincias (satrapías) con salida a este mar y destruir los arsenales de la ciudad siria de Tiro. Con este fin, se dirigió hacia Siria, donde volvió a enfrentarse con Darío en la batalla de Isso (333 a. C.). La derrota persa fue total.

Tras siete meses de asedio y exhibiendo muestras de una gran crueldad, Alejandro conquistó y destruyó Tiro (332 a. C.). Luego llegó a Gaza donde mató a todos sus hombres y asesinó a su rey, Batis, de la misma manera que Aquiles había matado al héroe troyano Héctor. A continuación, entró en Egipto, donde fue recibido como libertador y coronado faraón. Egipto, pues, no supuso una conquista; Alejandro respetó su religión, sus leyes y sus costumbres. Antes de partir, fundó la ciudad de Alejandría (331 a. C.), que sucedería a Atenas como capital de la cultura griega en el Mediterráneo oriental.

Satrapías Interiores

Darío le ofreció a Alejandro fijar en el río Éufrates el límite entre ambos imperios. Alejandro rechazó la oferta y penetró en el interior de Persia, donde volvió a derrotar a Darío en la batalla de Gaugamela (331 a. C.). Cuando el rey persa fue asesinado por uno de sus oficiales, Alejandro se proclamó su legítimo sucesor.

Como heredero del Imperio persa se dirigió a la India (326 a. C.) y, tras un accidentado viaje, regresó a Babilonia. Allí le sorprendió la muerte (323 a. C.) cuando preparaba una expedición a Arabia.

Alejandro tampoco dio al imperio persa trato de tierra conquistada. Como en Egipto, respetó su religión, sus leyes, su administración y sus costumbres, y buscó la unión entre persas y griegos.

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