Explorando el Legado de los Maestros del Barroco: Arquitectura, Pintura y Escultura

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Arquitectos del Barroco

Carlo Maderno: Arquitecto italiano de transición entre el siglo XVI y el XVII, que inaugura la arquitectura barroca a través de la Fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano. En su concepción, prolonga la nave central de la Basílica, dando lugar a una planta de cruz latina y plasma algunas de las novedades arquitectónicas barrocas tales como: el uso del orden gigante, la ruptura de la línea recta, el juego de luces y sombras y el aspecto teatral, dotando además a la fachada de un cuerpo superior que oculta en parte la cúpula de Miguel Ángel.

Gian Lorenzo Bernini: Artista italiano del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Bernini será el mayor artista del barroco italiano, pues destacó en todas las vertientes artísticas e incluso influyó en la expansión del estilo hacia Francia. No obstante, trabajó en Roma, especialmente durante el Papado de Urbano VIII, y fue considerado el sucesor de Miguel Ángel. Consolidó las características básicas del estilo barroco tanto en arquitectura, a través de la Plaza de San Pedro del Vaticano (de forma elíptica a modo de brazos que acogen a los fieles) o el Baldaquino de dicha Basílica (con sus famosas columnas helicoidales), así como en algunas de sus más famosas esculturas religiosas (“David” y “Éxtasis de Santa Teresa”), mitológicas (“Apolo y Dafne”) o ligadas al desarrollo urbano de la capital de la cristiandad (“Fuente de los cuatro Ríos” en la plaza Navona de Roma).

Francesco Borromini: Arquitecto italiano del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Aunque Borromini tuvo que competir continuamente con Bernini, fue considerado uno de los mayores maestros del Barroco italiano, gracias a una arquitectura compleja y dinámica (“Santa Inés”, “San Ivo”), que fue genialmente resumida en su obra maestra, la iglesia de “San Carlos de las Cuatro Fuentes”, que a pesar de su pequeño tamaño, destacó por su sinuosa y vertical fachada (sucesión de elementos cóncavos y convexos, que se intercambian a lo largo de sus pisos a modo de retablo dinámico), así como una planta elíptica cerrada por una cúpula ovalada decorada con casetones hexagonales, octogonales y cruciformes combinados.

Juan Gómez de Mora: Arquitecto español de la primera mitad del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Como buen discípulo de Juan de Herrera, Juan Gómez de Mora evolucionó desde un estilo escuraliense de carácter austero y geométrico, a un nuevo período artístico, marcado por la incorporación de algunas de las características barrocas que provenían de Italia. Se puede decir que sería uno de los primeros arquitectos barrocos españoles, así como el autor de una obra clave en la corte madrileña, la “Plaza Mayor” de Madrid, concebida de forma rectangular, porticada e inicialmente con 5 alturas de edificios autónomos, que sólo posteriormente se unieron mediante arcos. Otras obras suyas serían la “Clerecía de Salamanca” y el “Panteón Real” de El Escorial.

Pedro de Ribera: Arquitecto español del siglo XVIII, encuadrado en el estilo barroco. Pedro de Ribera será el principal representante de la arquitectura barroca madrileña, pues gracias a su buena relación con el corregidor de la ciudad, el Marqués de Vadillo, construyó la imagen de una nueva capital. Su obra se irá complejizando, adoptando las propuestas de la escuela churrigueresca, siendo su mejor ejemplo la “Fachada del Antiguo Hospicio de Madrid” (hoy Museo Municipal), en cuya portada recoge un exaltado barroquismo ligado al empleo de cortinajes, estípites, huecos ovales, ménsulas y frontones partidos. Otras obras suyas son el “Puente de Toledo” y la “Ermita del Puerto”, ambas en Madrid.

Fernando de Casas Novoa: Arquitecto español del siglo XVIII, encuadrado en el estilo barroco. Fernando de Casas Novoa será el principal representante de la escuela de arquitectura barroca gallega. Aunque partió inicialmente de soluciones clasicistas, pronto evolucionó hacia un barroco eclecticista. Su obra maestra sería la “Fachada del Obradoiro” de la Catedral de Santiago de Compostela, cuyo diseño atendió a la protección del románico “Pórtico de la Gloria”. Se trata del conjunto más monumental del Barroco español y se basó en la creación de una fachada a gran altura enmarcada con dos torres retranqueadas, que hacen avanzar el cuerpo central. Así mismo, la altura se suplió con una doble escalera en dos tramos. El resultado es un acentuado dinamismo ascensional y un gran efecto de perspectiva que une urbanismo (Plaza del Obradoiro), arquitectura (catedral) y tradición (Pórtico de la Gloria).

José Benito de Churriguera: Arquitecto y retablista español de la segunda mitad del siglo XVII e inicios del XVIII. José Benito de Churriguera pertenecía a una familia de artistas de gran tradición barroca (su hermano Alberto realizó la Plaza Mayor de Salamanca), que debido a su apuesta por la complejidad de las formas y la exuberancia y riqueza decorativa de sus obras, tomó su apellido como estilo propio, el churrigueresco. José Benito de Churriguera sintetizó esta profusión decorativa en el “Retablo de San Esteban” de Salamanca, caracterizado por el empleo de columnas salomónicas de orden gigante, el uso de pan de oro y un gran efectismo a través de contrastes lumínicos y el uso de elementos curvos y quebrados.

Pintores del Barroco

Annibale Carraci: Pintor italiano del siglo XVI, encuadrado en el estilo barroco. Annibale Carraci desarrolló junto a su familia su propia Academia de pintura en Bolonia, caracterizada por la vertiente “Clasicista”. Esta vertiente se basó en la depuración de la realidad evitando lo que esta tiene de feo y desagradable, eliminando lo vulgar y acercándose al ideal de belleza clásico. Annibale Carraci buscará así el orden y la claridad compositiva a través de temas religiosos o mitológicos, que suelen poseer significación moral y destacan por su sutileza y exquisitez. Desarrollará tanto obras al óleo como al fresco, así como grabados. Su obra cumbre es el “Triunfo de Baco y Ariadna”, fresco situado en la bóveda del Palacio Farnese de Roma.

Rembrandt van Rijn: Pintor holandés del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Rembrandt se convirtió en el mayor maestro barroco holandés y es considerado uno de los grandes genios de toda la historia del Arte universal. Su obra se caracterizó por un punto de vista anticonvencional y subjetivo, un alto realismo, empastes muy densos, una pincelada suelta más o menos gruesa según zonas del cuadro, una característica luz dorada que resalta el tema, genera grandes contrastes (tenebrismo), refuerza el volumen y a veces procede de figuras dentro del cuadro, y la captación psicológica de sus personajes. Todo ello se vio acompañado de una vida atormentada, que fomentó su individualidad, subjetivismo y singular mundo interior. Son famosos sus autorretratos, sus retratos colectivos (“Los síndicos de los pañeros”, “La lección de anatomía del Doctor Tulp” y la “Ronda de Noche”), así como sus grabados, paisajes y bodegones.

José de Ribera: Pintor español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Su mejor producción se encuadra en la primera mitad del XVII y fue realizada mayoritariamente en el Reino de Nápoles, aspecto que llevó a ser denominado el “Spagnoletto” (debido igualmente a su baja estatura). Se le considera el protagonista más destacado del naturalismo español y a lo largo de su obra evolucionó del tenebrismo de Caravaggio (“La mujer barbuda”) a una etapa más dramática (“El martirio de San Felipe”), que finalmente, fue reconducida hacia una estética más colorista y luminosa (“El sueño de Jacob”). También realizó obras costumbristas de mendigos, en las cuales trató de ensalzar a los representados (“El Patizambo”).

Bartolomé Esteban Murillo: Pintor español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Su mejor producción se encuadra en la segunda mitad del XVII en el foco sevillano y se caracterizó por acercar la Contrarreforma a la gente común a través del empleo de una pintura amable, tierna y bella (“Los Niños de la concha”, “El buen pastor”, “Sagrada familia del pajarito” o “La Inmaculada de El Escorial”), que a menudo se basaba en el empleo de personajes populares y trataba de mostrar un mundo apacible que escapa a la realidad. No obstante, también recogió escenas costumbristas de mendigos o pilluelos (“Niños comiendo fruta”, “Niños jugando a los dados”), en las cuales empleó también un tamiz bello, idílico y embellecedor. Con el tiempo, su pintura abandonó el tenebrismo y adquirió una pincelada más vaporosa y dorada.

Caravaggio: Pintor italiano del siglo XVI-XVII, encuadrado en el estilo barroco. Caravaggio inició su obra en Milán y fue impulsor de la corriente naturalista, especialmente en su derivación tenebrista. Las principales características de su obra son: 1) Pinta alla prima; es decir, sin dibujo preliminar, 2) los personajes representados toman como inspiración a modelos reales, sacados generalmente de las clases más bajas (lo cual le trajo problemas con la Iglesia Católica, su mejor cliente), 3) la aplicación de esquemas compositivos sencillos y 4) los grandes contrastes lumínicos, en los que predomina la oscuridad y un foco destacado de luz que ilumina a modo de eje el tema principal de la obra. Algunas de sus obras principales conservadas en Roma son “La crucifixión de San Pedro” y “La conversión de San Pablo” (ambas en óleo sobre lienzo y ubicadas en la iglesia de Santa María del Popolo), así como la polémica “Muerte de la Virgen”.

Velázquez: Diego Rodríguez de Silva y Velázquez fue un pintor español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Velázquez fue el mayor maestro de la pintura barroca española y es considerado uno de los artistas más trascendentes de la historia del Arte universal. Su arte se caracterizó por la variedad de temas (mitológicos, retratos, religiosos, paisajes, cuadros de historia), la pintura sin boceto previo (“alla prima”), el realismo, el ennoblecimiento de los personajes, el uso de la perspectiva aérea, la integración del espectador en la escena y el aspecto conceptual de sus cuadros, pues requieren de una segunda lectura intelectual. A lo largo de su vida, Velázquez evolucionó desde la corriente naturalista-tenebrista, hacia un clasicismo marcado por una pincelada más suelta y abocetada. Su obra se divide en 6 grandes etapas: 1) etapa de formación en Sevilla (“El aguador de Sevilla”), 2) su llegada a la corte madrileña, donde se convierte en pintor de Cámara de Felipe IV (“El triunfo de Baco / Los Borrachos”), 3) su primer viaje a Italia (“La fragua de Vulcano”), 4) la segunda etapa madrileña (“La Rendición de Breda / Las Lanzas” y “El retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos”), 5) su segundo viaje a Italia (“Retrato del papa Inocencio X” y “La Venus del espejo”) y la 6) tercera etapa madrileña (“Las Meninas” y “Las Hilanderas”).

Francisco de Zurbarán: Pintor español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Su mejor producción se encuadra en la primera mitad del XVII en el foco sevillano y se caracterizó por su gran fuerza visual, profundo misticismo, calidades táctiles y claridad cromática (sus luces y telas blancas serán muy famosas). Evoluciona desde el tenebrismo a una mayor claridad. Aunque fue principalmente aclamado por sus temas religiosos y monacales (“La visión de San Pedro Nolasco”, “San Hugo en el refectorio”), sería un gran maestro del bodegón, al cual le transmitió la paz monacal y el misticismo, a través de composiciones que remiten a formas elementales y austeras (“Bodegón de El Prado”).

Artemisia Gentilleschi: Pintora italiana. Hija del también pintor Orazio, con quien se educó artísticamente y del que se muestra deudora, sobre todo en sus primeras obras. Después de una estancia en Florencia (1614-1620), se estableció en Roma entre 1620 y 1627, con breves viajes a Génova y Venecia. En 1630 se encontraba ya en Nápoles, donde situaría su taller, manteniéndose siempre en estrecho contacto con Stanzione. Allí desarrolló lo más fecundo de su producción, convirtiéndose en una de las figuras artísticas más importantes de la ciudad, influyendo en todo el medio napolitano. En 1638-1639 tuvo lugar un paréntesis de su estancia napolitana, pues viajó a Londres, donde se encontraba su padre. Allí no dejó de pintar, conociéndose sus trabajos para la nobleza inglesa. Su primera obra firmada y datada es una Susana y los viejos (1610), que mostraba ya dos de las preocupaciones que serían frecuentes en su pintura: la representación de heroínas y el desnudo femenino. Sus numerosos viajes la situaron en lugar de privilegio para el conocimiento y la valoración tanto de la pintura contemporánea como de los máximos ejemplos del siglo anterior. Formada en el caravaggismo suavizado de su padre, del que supo también reproducir sus modos elegantes, mostró su preferencia por unos tonos más dramáticos que aquél. A la vez, gustó de utilizar unas entonaciones cromáticas y lumínicas de una forma que los caravaggistas no habían sabido trabajar hasta entonces. Esto la convirtió en protagonista de primera fila en la metamorfosis de la pintura napolitana a lo largo de la década de 1630, en la que partiendo del más estricto naturalismo se llegaba al aprecio de los valores atmosféricos y cromáticos del neovenecianismo. Obras: Judith decapitando a Holofernes.

Clara Peters: Es una de las pocas mujeres pintoras del siglo XVII, la pionera de los bodegones. Características de la creatividad de Clara Peters: La artista es conocida por sus imágenes escrupulosas, composiciones sofisticadas, mostradas desde un punto de vista bajo, y transferencia magistral de texturas. Gracias a ella, la popularidad de los llamados cuadros de "banquete" (o "desayunos"), es decir, lujosos conjuntos de vasos, vasijas de cerámica, otros platos, alimentos, bebidas y flores, ha aumentado significativamente. No solo fue la única pintora flamenca que escribió solo bodegones en el siglo XVII, sino que también fue una de las primeras pintores famosas en incluir un autorretrato en ellos. Este elemento innovador pronto penetró en el mundo del arte y se asoció con la obra de los flamencos del siglo XVII, quienes fueron influenciados por Clara Peters. Cuadros famosos de Clara Peters: Bodegón con pescado, una vela, alcachofas, cangrejos y camarones, Bodegón con queso, almendras y pretzels, Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas.

Escultores del Barroco

Gregorio Fernández: Escultor español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Gregorio Fernández sería el mejor exponente de la escuela escultórica barroca castellana, así como dueño de un prolífico taller. Aunque recogió la tradición de los renacentistas Alonso Berruguete y Juan de Juni al realizar obras religiosas sobre madera policromada (“imaginería”), introdujo características barrocas tales como la representación de un realismo patético y doliente (“Contrarreforma”, procesiones…), así como una intensa expresividad dramática. Destacó por estudiar el cuerpo humano con atención, logrando reflejar sus calidades táctiles, así como por el realismo logrado en heridas y cuerpos flagelados, cubiertos por convencionales y angulosos ropajes. Sus obras más destacadas son La Piedad o El Cristo Yacente.

Alonso Cano: Artista español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Alonso Cano practicó todas las principales vertientes artísticas (arquitectura, pintura y escultura), destacando en todas ellas. Aunque se formó en Sevilla, viajó a Italia y trabajó en Madrid, fundó finalmente su taller en Granada. Allí apostó por un lenguaje clásico, delicado, dulce y moderado, que trataba de rehuir de lo patético. De entre sus obras arquitectónicas cabría destacar la “Fachada de la Catedral de Granada” y de entre sus pinturas y esculturas, destaca su propuesta de “Inmaculada Concepción”, que siguiendo las propuestas del maestro Pacheco, creó un modelo a seguir para futuros artistas.

Pedro de Mena: Escultor español del siglo XVII, encuadrado en el estilo barroco. Pedro de Mena fue discípulo de Alonso Cano y se convirtió en uno de los mejores representantes de la escuela andaluza. Al igual que su maestro, apostó por un lenguaje clásico, delicado, dulce y moderado, que no le impidió mostrar obras cargadas de misticismo, recogimiento y espiritualidad. Sus trabajos más conocidos serían La Magdalena Penintente y San Francisco.

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