Evolución y Significado de la Cuaresma

Enviado por Chuletator online y clasificado en Religión

Escrito el en español con un tamaño de 6,82 KB

La Evolución de la Pascua

La Pascua es una fiesta primordial: por una parte, es principal en varios calendarios religiosos; además, es el origen de otros días y períodos litúrgicos del calendario religioso cristiano.

Sabemos que, hacia el 1.200 a.C., los pastores nómadas semitas del Medio Oriente celebraban una fiesta llamada “Peshaj”, que significa “Paso” o “Salto” y traducimos como “Pascua”; los judíos en la Jerusalén del siglo IX a.C. celebraban también un “Peshaj”; los cristianos, desde que empezaron su historia en el siglo I, también celebraban la “Pascua”.

Cada una de esas “Pascuas” celebra un “paso”: la Pascua de los pastores semitas es la fiesta del paso del invierno a la primavera, algo fundamental en un modo de vida totalmente vinculado a los ciclos de la naturaleza; la Pascua del judaísmo es la conmemoración del paso de la esclavitud a la peregrinación en busca de una tierra, fundamento de la experiencia religiosa judía, pues el credo de esta religión se basa en que Dios es liberador; la Pascua del cristianismo es la celebración del paso que Jesús de Nazaret dio de la muerte a una vida definitiva... y también de otros pasos que veremos más adelante en este documento.

¿Qué es la Cuaresma?

La Cuaresma es el período de preparación a la Pascua cristiana. Pero no siempre ha sido como la conocemos actualmente.

Primer Tipo de Cuaresma: Sólo para Catecúmenos

Un día tan importante como el del bautismo merecía una fecha señalada para su celebración. Así que los bautismos de los candidatos a pertenecer a la comunidad se celebraban el día de Pascua o, mejor dicho, la noche de Pascua, pues se trataba de una fiesta nocturna.

A medida que se acercaba, por tanto, la Pascua, el catecúmeno debía intensificar su preparación para el día decisivo. Para eso, al igual que actualmente hacen muchos deportistas yendo a una “concentración” antes de la competición, el catecúmeno tenía un período de preparación intensa ante la proximidad de su bautismo.

Seguro que ya has adivinado que esta última etapa previa al “nuevo nacimiento” duraba cuarenta días; era una “cuarentena”, a la que actualmente llamamos “Cuaresma”.

Por tanto, la Cuaresma era algo que se hacía una sola vez en la vida, durante los 40 días previos a la Pascua, antes de celebrar el bautismo.

Segundo Tipo de Cuaresma: Para Penitentes

Cuarenta días antes de la Pascua, el obispo o el presidente de la comunidad, anunciaba en reunión que ya faltaba poco para la gran fiesta anual; así mismo, presentaba a quienes se estaban preparando para su bautismo e iban a comenzar la última etapa de catecumenado. Ese mismo día, también se ponían en pie ante la comunidad quienes la habían traicionado. Como expresión de dolor por el daño provocado, la cultura de la época tenía un símbolo: la ceniza era derramada abundantemente sobre la cabeza de quienes reconocían su culpa. A continuación, eran expulsados de la comunidad. Hasta aquí, nada extraño, pues esto es lo que la sociedad hace con quienes delinquen: apartarlos... ¿Dónde está la diferencia? Durante los siguientes cuarenta días, cada vez que la comunidad se reuniera, en el umbral del lugar de asamblea estaría aquella persona, pidiendo perdón a quienes entraran. Pedir perdón de esa manera, mirando a sus víctimas, transforma el corazón... y también el de quienes perdonan. Llegada la noche de Pascua, el obispo tomaría de la mano a los expulsados, volvería a conducirlos a la asamblea, les lavaría y perfumaría y les pondría un vestido de fiesta; así, renovados por dentro y por fuera, serían perdonados y readmitidos a la Iglesia. La Cuaresma fue también, desde entonces, tiempo de alejamiento y reflexión para la reintegración en la comunidad.

Tercer Tipo de Cuaresma: Para Toda la Comunidad

Cuando la comunidad quiso imitar colectivamente el ejemplo de aquellas personas, la práctica reflexiva, oracional y penitencial se generalizó a toda la Iglesia.

El Miércoles de Ceniza se convirtió en una práctica colectiva. Nadie era expulsado del local, pero todos, espiritualmente, sabían que había comenzado una peregrinación interior por el desierto... ¿Te suena lo del desierto?

Conclusión

Cuarenta días antes de la gran fiesta, hoy en día, cada cristiano tiene la oportunidad de mirar en profundidad su interior, para descubrir la necesidad de transformación constante que alberga nuestro corazón humano, para desear cambiar, para pedir con intensidad ser recreados, renovados por el Amor… para recalibrar su “gps” y no perder el rumbo.

Tras esa cuarentena, cada cristiano celebrará la Pascua y, en la solemne noche de la vigilia de Resurrección, renovará sus promesas bautismales por un año más, de manera consciente y decidida.

El Descubrimiento Interior

En el siglo VIII d.C., el cristianismo ya era una religión predominante en Europa: se había convertido en costumbre bautizar a los niños; incluso se había nombrado religión “oficial”. No era raro, por tanto, que la fe ya no fuera un camino de descubrimiento personal, sino un factor cultural más, heredado en la familia.

Sin embargo, siempre existieron creyentes que vivieron la aventura personal de conocer, relacionarse y profundizar en qué significaba poner la confianza en Jesús de Nazaret. Para ellos, la eucaristía del domingo no era una costumbre, sino el alimento semanal; la oración no era una obligación, sino una relación personal; la solidaridad no era una ley, sino una llamada directa al corazón; Dios no era un concepto, sino una experiencia transformante. El cristianismo no era una religión que cumplir, sino un proyecto vital para una existencia significativa.

En ese contexto, cuarenta días antes de la Pascua, cuando los catecúmenos (los pocos adultos que aún estaban sin bautizar) empezaban su Cuaresma, cuando los pecadores públicos iniciaban su período de alejamiento para ser reintegrados, surgieron algunas personas en la comunidad que solicitaron algo inusual y sorprendente...

Nadie conocía en ellas pecados visibles, pero ellas se conocían a sí mismas. Todos les consideraban grandes creyentes, pero ellas sabían de su pequeñez. No se sentían menos valiosas por ello; la fe profunda te descubre tu lado oscuro pero, a diferencia de otra gente, lo hace sin provocarte culpabilidad enfermiza.

Por eso, motivadas por un Amor que no te oculta tu imperfección, solicitaron que a ellas también se les impusiera la ceniza en sus cabezas, para empezar un período de especial oración y reflexión, preparándose para reorientar su vida, volviendo a “enfocarse” en su proyecto vital.

Entradas relacionadas: