Ética Judía: Principios Morales y Comportamiento Humano
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La Ética: Esencia del Judaísmo
El comportamiento humano puede considerarse la esencia del judaísmo. Las plegarias y las mitsvot son estructuras de apoyo para que las acciones humanas converjan en un comportamiento moral coherente. Desde la perspectiva judía, el Ser Supremo creó al hombre con el fin de que este, con sus actos y obras, completara la creación divina. Lo creó a su “imagen y semejanza”. Y en esta “alianza” de colaboración Dios—ser humano, le corresponde al hombre imitar su bondad.
El obrar correcta y éticamente no debería entenderse como un acto encomiable digno de alabanza, ni mucho menos como una actitud para evitar caer en el “infierno” o ganar la “eternidad” en el “mundo venidero”, sino como un mero acto de responsabilidad.
El ser humano es de esencia divina. El ser humano fue creado a partir de un único hombre, Adam, con el fin de ilustrar que “quien destruye una vida humana es considerado como si hubiera destruido un mundo entero”. Todos tenemos el mismo único origen.
Ama a tu Prójimo como a ti Mismo
En el Talmud se relata que Hilel fue retado a pronunciar toda la Torá sobre un solo pie, a lo que respondió: “No hagas a otros lo que no quieras para ti”. Lo demás son comentarios. Otro enfoque del versículo bíblico es en el proceso que le toca vivir a la humanidad, guardarse de actuar mal, de herir al prójimo. Rabi Akiva sostenía que el mandamiento era la esencia misma de la Torá, porque equipara el sentimiento de amor humano con el amor del Eterno, quien ama a los hombres. “Bueno es el Eterno para con todos, y su misericordia está en todas sus obras”.
Rabi Akiva y la Máxima: “Ama a tu Prójimo…”
El vocablo tiene las mismas letras que “mal”. Pero Rabi Akiva nos enseña que debemos servir a Dios amando al semejante incondicionalmente, con todas sus imperfecciones, con lo malo y lo bueno, pues nosotros también las tenemos. Quizá unidos, podamos superarlas, para intentar acercarnos a la perfección.
El Actuar Ético, el Tanaj y Rambam
Rambam alegaba que los valores morales fueron otorgados por el Eterno al pueblo de Israel para beneficio de la humanidad entera, y que su puesta en práctica no podía ser optativa. La Torá enfatiza: “Guarda y obedece todas estas palabras que yo te mando, para tu bien y el de tus hijos después de ti, para siempre, haciendo lo bueno y recto ante los ojos del Eterno tu Dios”. Y el profeta Amós reafirma: “Aborreced lo malo, amad lo bueno y restableced la justicia en la puerta”.
El Amor al Prójimo
Sirve para reafirmar la importancia que tiene, dentro del judaísmo, la ética hacia el otro, hacia el semejante. La compasión es uno de los pilares en los que se sostiene la ética judía, desde la Torá hasta los pensadores de nuestro tiempo. Jesed significa: amor, bondad, y compasión. Es para el judaísmo el proceder ético hacia el sufrimiento ajeno: la pasión de la compasión, que se manifiesta como una bondad compartida por quien la da y quien la recibe.
Rambam, Yehuda Halevi y el Jesed
Para Maimónides, Jesed se refiere a las buenas acciones que están por encima de lo que un contrato o ley instituyen. Quien actúa con Jesed incluso beneficia a otra persona por encima de lo que puede ser merecedora. Rabi Yehuda Halevi afirma que Guemilut Jasadim es el primer escalón en las relaciones humanas para luego constituir una sociedad más justa, ordenada y armoniosa.
La Vara de la Justicia y la Vara de la Piedad
Cada ser humano debe ser juzgado por sus actos, especialmente en beneficio del perjudicado. Ningún acto de Jesed puede obrar en perjuicio de la víctima. Ahad Haam, en su ensayo “La vara de la justicia y el atributo de piedad” expone las diferencias que pueden surgir entre el atributo de la justicia y de la piedad. Conclusión: juzgar con extrema piedad es un desvío, de modo que el progreso moral no se basa en la misericordia, sino en la vara de la justicia.
El Jesed por Antonomasia en el Tanaj: Meguilat Rut
Un juez de Yehuda abandona su tierra natal para radicarse junto con su mujer, Naomi, y sus dos hijos en tierras de Moab. Naomi queda viuda y sin hijos, así que decide regresar a su tierra. Una de sus nueras, Rut, elige no abandonarla. Rut dice: “No me ruegues que te abandone y me vuelva, porque yo iré donde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios. Moriré donde tú mueras y allí seré enterrada. Que el Eterno me castigue más de lo debido, si logra separarme de ti algo que no sea la muerte”. Rut se dirige a tierras de Boaz. Al enterarse Boaz, la invita a comer. Naomi hace Jesed y Boaz y Rut se casan.