El engaño del caballo de Troya

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126. Él guarda silencio durante dos veces cinco días e, impenetrable, rehusa

indicar a alguien con su boca o destinarlo a la muerte.

Por fin, a duras penas, impulsado por los grandes clamores del de Ítaca,

rompe silencio según lo acordado y me designa para el ara.

130. Todos asintieron y (las desgracias) que cada uno temía para sí las soportaron

cuando fueron convertidas en la ruina de un desgraciado.

Y ya el día abominable estaba presente: las cosas sagradas se preparaban para mí

y los frutos salados y las vendas entorno a las sienes.

Me sustraje a la muerte, lo confieso, y rompí las ataduras,

135. y a través de la oscura noche me oculté en un lago embarrado

entre la hierba mientras dieran las velas, si por casualidad las daban.

Y ni ya alguna esperanza (hay) para mí de ver la patria antigua,

ni a los hijos amados y a mi padre añorado,

a los cuales aquellos reclamarán quizá los castigos a causa de nuestra

140. huida, y expiarán esta culpa con la muerte de los desgraciados.

Por lo tanto, te ruego por los altos y por los poderes sabedoras de la verdad

por si existe alguna lealtad que permanezca inviolable en alguna parte

entre mortales compadécete de penalidades

tan grandes, compadécete de un alma que soporta (calamidades) no merecidas.”


145. Le concedemos la vida por estas lágrimas y nos compadecemos voluntariamente.

Príamo él mismo el primero ordena que las esposas y las ataduras estrechas

le sean quitadas y habla así con frases amigas:

“Quienquiera que seas, olvida ya desde ahora a los griegos perdidos:

serás de los nuestros; y dime la verdad que te pregunto:

150 ¿por qué levantaron la mole esta del caballo enorme? ¿Quién es el autor?

¿qué fin persiguen? ¿qué objeto religioso o qué máquina de guerra es?”

Había dicho. Él, aleccionado en los engaños y artimañas pelasgas

levanta hacia los astros las palmas libres de ataduras:

“a vosotros, fuegos eternos, y a vuestra divinidad no violable,

155. pongo por testigo, dijo, altares y cuchillos abominables a los que escapé,

y vendas de los dioses que llevé (puestas como) víctimas:

es lícito para mí romper los derechos sagrados de los griegos,

es lícito odiar a tales hombres y llevar bajo las auras, todo

si alguna cosa encubren; y no estoy obligado por las leyes algunas de mi patria.

160. Tú solamente, ¡oh Troya! mantente en tus promesas y salvada (por mí)

guarda tu palabra, si digo cosas verdaderas, si te presto grandes (beneficios).

Toda la esperanza de los dánaos y la confianza en la guerra comenzada

se mantuvo siempre en los auxilios de Palas. Pero ciertamente desde el día

en el que el impío hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades,

165. habiendo resuelto arrancar del templo sagrado el fatal Paladión,


(después de) asesinados los guardianes de la lata ciudadela,

arrebataron la efigie sagrada y osaron tocar las vendas virginales de la diosa

con sus manos ensangrentadas:

desde aquel la esperanza de los dánaos a desvanecerse y volverse hacia atrás

170. resbalando, sus fuerzas se quebrantaron, la mente de la diosa se apartó.

Y ni la tritonia dio estos avisos con prodigios dudosos.

Apenas la estatua (fue) colocada en el campamento: llamas centelleantes

ardieron en sus ojos rígidos y un sudor salado corrió por sus miembros,

y ella misma tres veces (cosa admirable de ser dicha)

175. saltó del suelo llevando (y) el escudo y la lanza vibrante.

Al punto Calcas anuncia que los mares han de ser tanteados con la fuga,

y que no puede ser arrasada Pérgamo con dardos argólicos

si no vuelven a Argos (a tomar) los auspicios y recobran el favor divino

que llevaron consigo a través del mar y con sus quillas curvas.

180. Y ahora que marcharon a Micenas, su patria, con viento (favorable),

aprestan armas y dioses como compañeros y surcando de nuevo el mar

se prestan de improviso: Calcas interpreta así los presagios.

Aconsejado (por él), en lugar del Paladión, en lugar de la divinidad ofendida

construyeron esta efigie para que expiase el sacrilegio funesto.


185. Calcas, sin embargo, ordenó erigir esta mole inmensa con maderos

ensamblados y elevarla hasta el cielo, para que no pudiera

para que no pudiera ser recibida por las puertas o ser introducida dentro

ni proteger al pueblo bajo su antiguo culto religioso. Pues, si vuestra mano profanara los dones de Minerva,

190. entonces (¡ojalá los dioses vuelvan antes este oráculo contra él mismo!)

un inmenso desastre habría de suceder al imperio de Príamo y a los frigios;

que el Aisa llegaría espontáneamente con una gran guerra hasta las murallas

pelópeas, y que esos hados están reservados a los nietos nuestros.”

195. Con tales insidias y por el arte del perjuro Sinón,

la cosa fue creída, y fueron cogidos por los engaños y las lágrimas forzadas,

(aquellos) a quienes ni el hijo de Tideo, ni Aquiles de Larisa,

ni 10 años ni mil navíos domaron.

En este momento otro (prodigio) mayor y mucho más terrible

200. se ofrece a (nosotros) infelices y conturba los ánimos desprevenidos.

Laoconte, elegido a suerte (como para) sacerdote de Neptuno,

sacrificaba un toro enorme junto a las aras solemnes.

He aquí, pues, que dos serpientes de espirales inmensas desde Ténedos

a través del mar profundo (me horrorizo al contarlo)


205. se apoyan en las aguas y avanzan hacia la costa a la par;

los pechos de las cuales erguidos entre las olas y las crestas

color de sangre dominan las ondas, la parte restante (del cuerpo)

surca el mar por detrás y enrosca en espiral sus espinazos enormes.

Un sonido se produce en el mar espumante; y ya tocaban la tierra

210. e inyectadas de sangre y de fuego (en cuanto a) los ojos ardientes,

lamían con sus lenguas vibrantes sus bocas silbadoras.

Huimos exangües a su visita. Ellas con marcha certera se lanzan hacia

Laoconte: y primeramente ambas serpientes,

habiendo aprisionado los pequeños cuerpos de los dos hijos,

215. envuelven y devoran a modismos los miembros miserables;

luego arrebatan a él mismo que acudía en su auxilio llevando dardos y

y le atenazan con espirales inmensas; y

habiéndose atenazado ya dos veces por el centro, puestas alrededor del cuello

dos veces sus dorsos escamosos, le sobrepasan con la cabeza y las cervicales erguidas.

220. Él al mismo tiempo trata de deshacer los nudos con sus manos

con las vendas empapadas de baba y de veneno negro,

levanta al mismo tiempo hasta los astros alaridos horrendos,

cual el toro (lanza) mugidos cuando herido huye del altar

y sacude el hacha con incertidumbre en el cuello.


225. Pero las dos serpientes huyen hacia los templos elevados raptando

y ganan la ciudadela de la Tritonia cruel y se esconden bajo los pies

bajo los pies de la diosa y tras el círculo de su escudo.

Entonces ciertamente un terror nuevo penetra en todos a través de nuestros

cuerpos estremecidos, y dicen que Laocoonte mereciéndolo ha expiado el

230. sacrilegio, porque profanó con su lanza el madero sagrado

y blandió un dardo criminal contra el costado.

Claman todos a una que la efigie debe de ser llevada al templo

de la diosa y que las divinidades deben ser imploradas.

Abrimos brecha en las murallas y dejamos patentes las fortificaciones de la ciudad.

235. Todos ponen manos a la obra y colocan bajo los pies

deslizadores de ruedas y echan a su cuello cuerdas de estopa;

la máquina fatal de armas. En derredor los niños y las muchachas

jóvenes cantan himnos sagrados y gozan con tocar

la cuerda con la mano;

240. ella penetra y se desliza amenazadora hasta el centro de la ciudad.

¡Oh patria, oh Ilión, morada de los dioses y murallas

de los dardanios famosas por la guerra! 4 veces se detuvo en el umbral

mismo de la puerta, y las armas dieron sonido en el vientre 4 veces:

persistimos, sin embargo, olvidadizos y ciegos de locura

245. y colocamos en la ciudadela sagrada el monstruo infausto.


246. También entonces Casandra abre su boca a los hados futuros,

jamás creída de los teucros por orden de un dios;

Nosotros infelices, para quienes aquel día sería el último,

249. cubrimos los santuarios de los dioses con hojas festivas por toda la ciudad.

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