La Educación y la Formación Militar en la Antigua Grecia

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La Educación en Grecia

Las diferencias establecidas en la sociedad griega entre los varones y las mujeres se manifestaban también en la educación (paideia). En Atenas, solo los varones necesitaban una gran preparación, ya que eran los destinados a participar en el gobierno de la comunidad: la participación en los órganos de gobierno y magistratura de la polis y en los tribunales de justicia era cosa de los ciudadanos varones; ni metecos, ni extranjeros, ni esclavos, ni mujeres podían ser electores y elegidos para desempeñar cargo alguno. En Esparta, en cambio, se preocupaban por la formación de las muchachas, especialmente en lo físico, para que engendraran ciudadanos-soldados sanos y fuertes.

La Educación en Atenas

La responsabilidad de la educación recaía en la familia; el Estado solo intervenía a partir de los 18 años, cuando el joven ateniense cumplía el servicio militar (la efebía), cuya formación corría a cuenta del erario público. Hasta los 7 años, los niños y las niñas eran atendidos por la madre y la nodriza. De la educación de las jóvenes se cuidaba la madre, que las preparaba para ser amas de casa. El proceso educativo de los jóvenes varones constaba de tres pasos:

1. La enseñanza primaria

Habitualmente, las actividades escolares eran llevadas a cabo en centros del propio maestro, el gramatista (grammatistés), que enseñaba al niño a leer, a escribir y a cantar. El niño varón iniciaba la enseñanza primaria a los siete años, e iba a la escuela acompañado por el pedagogo (paidagogós), un esclavo fiel que actuaba como preceptor.

2. La enseñanza secundaria

Esta etapa comenzaba a los 12 años y acababa a los 14. El profesor de enseñanza secundaria, el gramático (grammatikós), tenía un prestigio mayor que el gramatista de escuela. El dramático impartía matemáticas y literatura, y la música y el canto eran enseñados por el citarista (kitharistes); hasta aquí la secundaria.

3. La enseñanza superior

Comenzaba a los 14 años y acababa a los 18. Se cursaba en el gimnasio (gimnásion), donde la gastronomía, la oratoria, la dialéctica, la filosofía y la gimnasia eran las materias más prestigiosas.

La Educación en Esparta

La educación de un varón espartano

  • Las leyes y la organización social de Esparta tenían por objeto la formación de un poderoso pueblo de guerreros. El Estado no estaba al servicio del ciudadano, sino el ciudadano al servicio del Estado, y este disponía del joven espartano desde su nacimiento.
  • Cuando nacía un niño varón, sus padres lo presentaban a los éforos, que juzgaban si la robustez del bebé justificaba el trabajo que exigía su educación. Si el bebé era enclenque o deforme, era arrojado por una sima de la sierra de Taigeto.
  • Hasta los siete años, el niño vivía con su familia. A los 7 años, los hijos varones de los espartiatas abandonaban la familia e iban a vivir a un colegio-cuartel bajo tutela del Estado, que se encargaba de procurarles un duro aprendizaje militar.
  • Durante esta etapa, también cultivaban la música y, en un segundo plano, la lectura y la escritura, pero sobre todo se les enseñaba a hablar de manera lacónica.
  • A los 20 años, el espartano era considerado apto para llevar armas y desde ese momento comenzaba su vida de soldado, engrosando las filas de los hoplitas; la ambición de todo espartano. Su servicio armado no concluía hasta los sesenta años.

Hoplitas de Esparta: la mejor infantería griega

  • La supremacía militar de Esparta en la Antigüedad se basó en su terrible infantería de hoplitas.
  • La formulación de combate más terrible del mundo antiguo estaba compuesta por guerreros con armamento pesado: los hoplitas. Ellos cimentaron el poderío de la belicosa Esparta.
  • Cuando sonaba la trompeta de guerra, el ejército de Esparta, compuesto por ciudadanos-soldados pesadamente armados, los hoplitas, avanzaban sobre el campo de batalla en líneas cerradas al son de flautas.
  • El hoplita iba armado con lanza y espada y llevaba casco, coraza, grebas y escudo. El orden de batalla era la falange, una masa compacta de una profundidad de 8 a 12 hileras de hoplitas. Estos arremetían a la carrera contra el enemigo o resistían en la posición que indicaban sus generales. Si un hombre caía, otro pasaba a defender inmediatamente su lugar para no dejar brechas abiertas en la formación.
  • Morir en combate suponía un ideal sublime para el varón espartano. De ahí que la batalla de las Termópilas, en 480 a.C., en el transcurso de la 2ª Guerra Médica, se hiciese célebre al momento. Se trató de una derrota, pero el valor demostrado por el rey Leónidas y sus 300 hoplitas espartanos se convirtió en un símbolo del coraje lacedemonio en todo el mundo griego.
  • El diarca y los suyos se negaron a rendirse y defendieron, hasta la muerte, un paso atacado por efectivos persas varias veces superiores en número. Tras varias jornadas de intensa lucha, los persas consiguieron dar muerte a los 300 hoplitas espartanos que, ayudados de un contingente tespio y tebano, habían defendido el desfiladero de las Termópilas con su rey Leónidas al frente. Jerjes obtuvo la victoria gracias a que un traidor le mostró un camino que conducía a la retaguardia griega y, aún así, las bajas en el ejército persa fueron más de 20.000 hombres, muchos de ellos tropas de élite.
  • Un espartano que huía frente al enemigo era tachado de cobarde y estaba deshonrado para siempre, del mismo modo que quien volvía vivo después de una derrota, señalado como un cobarde, se exponía al desprecio general. De ahí proviene la expresión de las mujeres espartanas cuando ordenaban a sus hijos: "Regresad de la batalla", lo que significaba vencedores o muertos.
  • En realidad, deberíamos referirnos al ejército lacedemonio y no al ejército espartano, ya que este estaba formado no solo por espartiatas, sino también por hilotas liberados, que fueron integrados en el ejército, pero no adquirieron la ciudadanía. Por ello, el símbolo que exhibían estos guerreros en sus escudos no era la letra sigma de Esparta, sino la lambda de Lacedemonia.

Lacedemonia o Esparta

Capital de Laconia, o también la misma Laconia.

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