Arte y Arquitectura en la Antigua Roma: Un Legado Imperecedero
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Contexto Histórico de la Antigua Roma
Roma fue fundada en el 753 a.C. por un pueblo del Lacio, posteriormente conocidos como romanos. Del 753 al 510 a.C., la ciudad de Roma fue gobernada por siete reyes. El primero fue Rómulo, de origen romano, pero después los reyes fueron etruscos, ya que Roma cayó bajo la dominación etrusca hasta el 510 a.C. En ese año, los romanos consiguieron expulsar a Tarquinio el Soberbio, último rey etrusco. Cansados de la monarquía, fundaron la República Romana y comenzaron su expansión. Al ser un pueblo constantemente amenazado, aprendieron a vivir en permanente estado de guerra, y su estrategia era simple: la mejor defensa es un buen ataque. Así, iniciaron su expansión por la península itálica. En el siglo III a.C., ya habían absorbido el reino etrusco y el resto de Italia. Pronto serían atacados por la potencia vecina que competía por el dominio del Mediterráneo occidental: Cartago. Tras las Guerras Púnicas, Roma emergió como la potencia dominante en Occidente y pronto conquistaría el Mediterráneo oriental, convirtiéndolo en un Mare Nostrum.
La República perduró hasta el año 30 a.C., cuando, después de Julio César, Augusto fue proclamado emperador, transformando la República en el Imperio Romano. Augusto vivió hasta el año 14 d.C., marcando el cénit militar y cultural del Imperio. Desde entonces hasta el 476 d.C., el Imperio experimentó un declive gradual. Tras Augusto, vinieron Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, entre otros.
En el 313 d.C., se promulgó el Edicto de Milán. El emperador Constantino proclamó el cristianismo como la religión oficial del Estado y trasladó la capital a Constantinopla (Bizancio). Entonces comenzó el arte paleocristiano.
En el 379 d.C., Teodosio dividió el Imperio en dos partes: la occidental, con capital en Rávena, para su hijo Honorio, y la oriental, con capital en Bizancio, para su otro hijo Arcadio. En la parte oriental, comenzó el arte bizantino.
En el 475 d.C., subió al poder el último emperador de la zona occidental, Rómulo Augústulo. Un año más tarde, Odoacro, rey de los hérulos, lo destituyó, poniendo fin al Imperio Romano de Occidente, que se fragmentó en diferentes reinos germánicos. Entonces comenzó el arte germánico: visigodos, ostrogodos, galos, lombardos, etc. Mientras tanto, el Imperio Romano de Oriente, o Imperio Bizantino, continuaría durante mil años más, hasta 1453, cuando Bizancio fue tomada por los turcos y se transformó en Estambul.
Características Generales del Arte Romano
Se produjo un cambio radical en las ideas: del platonismo helénico se pasó al aristotelismo en Roma; de la abstracción y el idealismo utópico se pasó a lo sensitivo, lo concreto y lo práctico. Si los griegos eran artistas por capricho estético, los romanos fueron ingenieros que creaban obras de arte.
Ya no se buscaba al hombre como parte del cosmos, sino como un individuo concreto. El individualismo romano se observa en el artista, cuya personalidad se refleja en la obra, y en la temática: los relieves narrativos representan hechos concretos, los retratos son de personas con nombres y apellidos, muchas veces vivas.
Arquitectura Romana
En arquitectura, los romanos ganaron en dinamismo. Del estatismo de la arquitectura adintelada griega pasaron al movimiento del arco, la bóveda y la cúpula. Fueron los primeros en combinar ambos sistemas en una sola fachada, creando el sistema mixto. Su arquitectura también era más funcional. Se acabaron los caprichos artísticos; ahora las obras debían ser bellas, pero, ante todo, debían servir al Estado. Innovaron mucho, creando el eje de simetría horizontal en el edificio (por partes o bandas), la planta basilical y el ábside que prolonga la nave central.
Frente a una arquitectura abrumadoramente religiosa como la griega, la romana era mucho más civil y militar. Si los griegos fueron urbanistas más que arquitectos, los romanos fueron ingenieros más que arquitectos.
Emplearon los materiales más económicos y sólidos: el ladrillo, el hormigón y el sillar cuando era necesario. El hormigón o mortero se fabricaba con cal como base de unión y cantos rodados o grava. El resultado era un material fuerte y barato. El exterior de estos muros podía revestirse con placas de piedra o mármol para darle mayor vistosidad.
Los romanos construían empleando cuatro sistemas de aparejo, a los que dieron nombres:
- Opus reticulatum: revestimiento a base de teselas escuadradas.
- Opus testaceum o latericium: ladrillos a soga y tizón.
- Opus incertum: bloques de piedra irregulares con sillar solo en las esquinas.
- Opus quadratum: bloques paralelepípedos unidos con mortero.
En arcos, solo emplearon el de medio punto. En cuanto a las techumbres, usaron la adintelada, pero también la bóveda de cañón, la bóveda de arista y la cúpula semiesférica o de media naranja. En cuanto a los soportes, los romanos copiaron el concepto de orden arquitectónico de los griegos y utilizaron los tres órdenes griegos, pero con plena libertad: alargando sus proporciones, superponiendo los diferentes órdenes en las plantas de un mismo edificio, etc. Sin embargo, crearon dos órdenes propios: el orden toscano y el orden compuesto.
El orden toscano es de origen etrusco, quienes lo habían copiado de los dorios, por lo que no es más que una simplificación del dórico. La columna tiene basa simple y el fuste es liso y un poco más largo. Lo demás es igual.
Utilizaron mucho el corintio helenístico porque era el que tenía más presencia, el más rimbombante, pero pronto crearon un orden compuesto similar al corintio: una combinación de volutas jónicas y hojas de acanto corintias.
La Ciudad Romana
En gran parte de los territorios conquistados, el dominio romano marcó el paso de la aldea a la ciudad. Los romanos eran urbanos, creían en la ciudad como unidad administrativa, militar y económica. Divinizaron una ciudad y todo el Imperio llevaba su nombre. Este pasado convirtió a los romanos en urbanistas convencidos, pero más prácticos que los griegos.
Existían dos tipos de ciudades: las coloniae, de nueva planta, y las municipia, sobre un núcleo ya existente. Eran igualmente buenos reformando y rehabilitando ciudades antiguas como construyendo nuevas.
El modelo lo tomaron de la ciudad helenística alejandrina: un recinto de planta rectangular o cuadrada, dotado de puertas en cada uno de sus cuatro lados. Dos arterias principales formaban una cruz dentro del recinto: el cardus, de norte a sur, y el decumanus, de este a oeste. En la intersección de ambas se situaba el foro o plaza mayor, también con funciones políticas como el ágora. De estas dos calles principales nacían otras calles secundarias que articulaban la ciudad, pero ninguna se decoraba como las dos principales, con pórticos y columnatas. El pomerium era la línea sagrada que rodeaba la ciudad, que podía ser una muralla según las necesidades defensivas, y tras ella estaban las necrópolis, siempre extramuros.
Construcciones Urbanas Romanas
El Foro
Era el centro urbano, religioso, político y comercial. A su alrededor se encontraban los templos, las basílicas civiles (no cristianas), el Senado, las tiendas y las bibliotecas. Normalmente era una plaza enlosada, rodeada de pórticos y decorada con efigies de emperadores. Era el centro cívico, un lugar frecuente de reunión donde se situaban los predicadores y los oradores que se dirigían al público desde una tribuna. El primitivo Foro Romano o Forum Magnum de Roma se quedó pequeño para las necesidades de una ciudad que llegó a tener un millón de habitantes, por lo que se construyeron otros: el Foro de César, el de Augusto y el de Trajano.
El Templo
Es una síntesis del templo griego y del etrusco. Casi siempre es pseudoperíptero y se diferencia del griego porque está elevado sobre un podium al que se accede solo por una escalinata en la fachada principal (en el templo griego, la crepis rodeaba los cuatro lados del templo).
El Templo de la Fortuna Viril es un templo jónico del siglo I a.C. situado en Roma. La religión romana también estaba al servicio del Estado y era un elemento de cohesión. Por eso, el templo romano no tiene tanta carga estética como el griego.
La Maison Carrée, o casa cuadrada, es un templo romano ubicado en Nimes. También del siglo I a.C., es de orden corintio y pseudoperíptero.
Entre los templos de planta circular, el más importante es el consagrado a la diosa Vesta en el Forum Magnum. Es un templo períptero con claras influencias del Tholos de Marmaria. Presenta una cubierta cónica de teja y una sola naos o cella de planta circular.
Pero el templo más grandioso de todo el mundo romano es el Panteón de Agripa en Roma. Presenta una pronaos octástila, como si fuera a ser un templo rectangular, pero la naos es circular. Es un templo de planta circular pero fachada recta. La naos está cubierta por una gran cúpula semiesférica (de 43 metros de altura y 32 metros de diámetro), realizada con materiales ligeros para evitar peso y decorada con casetones. En su clave presenta una claraboya que hace más arriesgada su construcción. Esta cúpula es una demostración del dominio de pesos y contrapesos que tenían. Se sitúa sobre un tambor decorado con mosaicos y esculturas. Se empezó a construir a finales del siglo I a.C., pero fue terminado por Adriano en el siglo I d.C.
La Basílica
Es un edificio propiamente romano, destinado a asuntos judiciales; era la sede de los magistrados y en él se celebraban los juicios, pero a la vez era un centro comercial. Su planta es rectangular con tres naves: una central más alta y dos laterales separadas por columnas. En su cabecera, el ábside prolonga la planta central y es el lugar donde se colocaban los jueces. Solo se aboveda e ilumina la nave central; las laterales llevan techo plano al interior. Al exterior, la nave central lleva techumbre de doble vertiente y las laterales de una sola vertiente. Las naves laterales tienen un bajo techo abierto a la nave central que se denomina tribuna. Este esquema de planta basilical pasará íntegro a la primitiva basílica paleocristiana a partir del Edicto de Milán en el 313 d.C., pero ya con fines religiosos.
La basílica mejor conservada es la de Majencio, realizada en tiempos de Constantino, donde vemos los tres vanos que daban acceso a las tres naves que, en este caso, iban abovedadas, iniciando así el esquema general de fachada de catedral cristiana.
Las Termas
Eran los baños públicos, que servían también como lugar de reunión y conversación. Eran instalaciones complejas, con salas de gimnasia, de vapor, de masajes, piscina de agua caliente o caldarium (calentada por conductos de aire caliente bajo el suelo), piscina de agua templada o tepidarium y de agua fría o frigidarium. Los vestuarios o apoditerium estaban alrededor de cada sala. De la época republicana se conservan las Termas de Pompeya, donde se aprecia el caldarium. De la fase imperial, las más importantes eran las Termas de Caracalla, situadas en Roma y nombradas en honor al emperador que las mandó construir.
La Vivienda Romana
El precedente era la vivienda etrusca y consta de una planta rectangular con una puerta principal que da paso al vestibulum, por el cual se accede al atrio. El atrio es el patio central, también rectangular y cubierto solo parcialmente. La parte central del atrio está abierta al exterior y alrededor hay una parte porticada, sostenida por columnas y con cuatro tejadillos con vertiente hacia el interior. Por el hueco abierto entra la luz a todas las estancias y el agua de lluvia se recogía en un estanque o impluvium, mientras que el agua de lluvia de la parte cubierta se canalizaba por el compluvium (los cuatro tejadillos del atrio) hacia el impluvium.
Los dormitorios o cubicula se sitúan a ambos lados del atrio en las alas (alae) de la casa, y al fondo están las dos salas de estar: el tablinium o salón y el triclinium o comedor. A partir del siglo II a.C., la influencia griega hizo que a la casa se le añadiera un patio columnado o peristilum con jardines, surtidores y esculturas. Algunas casas tenían en la fachada tabernae, tiendas donde se despachaban diferentes artículos. El ejemplo más claro de casa romana se da en Pompeya, donde, gracias a las cenizas del Vesubio, se han conservado perfectamente hasta nuestros días. Allí se encuentra la Casa de los Augustales, donde vemos el atrio y el peristilum perfectamente conservados.
Los Edificios de Espectáculos
El Teatro
Deriva del griego, aunque con innovaciones considerables. Los graderíos semicirculares o cavea se construían sobre galerías abovedadas, no aprovechando el desnivel del terreno como en Grecia. Por lo tanto, el teatro romano tiene fachada exterior y esta tiene una estructura mixta: adintelación más arco y bóveda, y con los tres órdenes en superposición de pisos.
Entre la cavea y la escena estaba la orchestra que, en el caso romano, es semicircular y no ultrasemicircular. Su función también cambia: servía para instalar a los altos personajes y no como lugar del coro (el teatro romano no es mudo y la función del coro pasa a un segundo plano). Ahora el coro se traslada a un lateral de la escena llamado tribuna. El Teatro de Mérida fue construido hacia el año 16-15 a.C. y donado por Marco Agripa (yerno del emperador Augusto); data de casi la misma época de la fundación de Emérita Augusta. Estuvo en uso hasta la segunda mitad del siglo IV d.C. La capacidad del teatro era de unas 6.000 personas. De la época imperial es el Teatro Marcelo, donde vemos el exterior con el sistema mixto y la superposición de órdenes.
El Anfiteatro
Es como un teatro doble, es decir, circular y cerrado, como una plaza de toros y de mayores dimensiones que el teatro. Se dedicaba a los espectáculos cruentos: lucha de gladiadores (los romanos eran unos enamorados de la fuerza), luchas de fieras salvajes, sacrificios de ladrones o disidentes (cristianos) e incluso combates navales. Eran circulares o elípticos y la arena se separaba de la cavea por una balaustrada muy alta. Bajo la cavea estaban las dependencias subterráneas de las que salían los gladiadores, las fieras, etc. En el exterior se repite la organización de fachada del teatro con dintel más arco y superposición de órdenes.
El anfiteatro más grande del Imperio debía ser el de Roma, el Anfiteatro Flavio o Coliseo, del siglo I d.C. Se comenzó por Vespasiano en el 72 d.C. y fue terminado por su hijo Tito en el año 80 d.C. Fue construido por prisioneros judíos y consta de cuatro pisos, de planta elíptica con un diámetro largo de 187 metros. Al exterior hay superposición de órdenes en los tres primeros pisos y liso después. En caso de mal tiempo, podía cubrirse con una gran lona sobre un entramado de raíles, quedando un orificio en el centro. Tiene canalizaciones comunicadas con el Tíber por donde podían inundar la arena para simular combates navales (naumaquias). Otro anfiteatro menor es el de Arlés, también elíptico y de dos pisos. Es un coliseo pequeño que hoy en día se utiliza como plaza de toros.
El Circo
Es el edificio más grande de todos. Tiene su raíz en el estadio griego. Se destinaba a las carreras de cuadrigas y otros ejercicios atléticos. Su planta es rectangular alargada y los graderíos están en los dos lados largos y en uno de los cortos, que acaba en redondo. El otro lado corto es recto y en él se sitúan las carceres o cuadras de salida para los carros. La pista de arena está dividida longitudinalmente por la espina, ornamentada con esculturas, obeliscos y el podium. En los extremos de esta espina es donde se situaban la meta y la salida. Los vencedores salían por la Porta Triumphalis, situada en el lado corto curvo. Debió ser importante el Circo Máximo de Roma, pero no ha llegado ninguno hasta nosotros.
Monumentos Triunfales y Conmemorativos
El Arco de Triunfo
Es una auténtica creación romana. Se localizaban en lugares estratégicos: en los foros, en los puentes para pasar por debajo de ellos, en las fronteras para delimitar territorios, sobre una vía pública importante o en lugares donde se había producido algún hecho triunfal del personaje al que se dedicaba. Es un monumento estatalista que sirve para engrandecer al Imperio y a quienes le sirven.
Hay varios tipos de arcos de triunfo: suelen ser de planta rectangular, pero también los hay de planta cuadrada, con un solo arco, con tres y el mayor más grande, con los tres iguales o, si es de planta cuadrada, con cuatro, uno en cada fachada, con vanos abiertos encima de los arcos laterales o sin ellos.
Se adornan con varias columnas, adosadas o no, pero todas encima de pedestal o podium y sujetando un entablamento que soporta una franja superior llamada ático, lugar donde se esculpían relieves o inscripciones conmemorativas. Su estructura suele ser en retícula, con cuatro líneas verticales y otras cuatro horizontales formando nueve espacios más o menos delimitados. Los más importantes son del Imperio y, por supuesto, dedicados a emperadores. El primero es el Arco de Tito, del siglo I d.C. y cerca del Foro Romano. Arco de un solo vano central con dos más pequeños simulados en los laterales. Tiene cuatro columnas adosadas sobre podio, su entablamento y un ático con inscripciones. El Arco de Septimio Severo es posterior y se encuentra en pleno Foro Romano. De tres arcos, con el central más grande, cuenta también con cuatro columnas sobre podio y con los muros adornados con relieves. Después, el entablamento y el ático con inscripciones. Pero el más importante es el de Constantino, de época muy posterior (siglo IV d.C.). De tres arcos, con el central mucho mayor, el esquema general es igual que los anteriores: cuatro columnas sobre podio que sujetan un entablamento que separa un ático dividido en tres partes para continuar las líneas de las columnas con pilastras adosadas. Es un arco muy barroco, recargado de ornamentos, relieves y medallones encima de los arcos laterales y una inscripción en la zona central.
La Columna Triunfal
También se erige en conmemoración de hechos y personas y es algo auténticamente romano, sin precedente alguno. Son de grosor variable, normalmente marmóreas. Se levantan sobre un pedestal y a veces tienen escaleras interiores para subir hasta la escultura que corona la columna. Suelen ir decoradas con relieves. De entre ellas hay un tipo llamado rostral porque tiene similitud con la rostra o mástil de un barco romano. La Columna Rostral de Cayo Dulio es del siglo III a.C. y recuerda el triunfo naval del cónsul Cayo Dulio contra los cartagineses durante la Primera Guerra Púnica. Pero la más importante de estas columnas es la Columna Trajana, del año 113 d.C., con cuarenta metros de altura, una escalera interior y coronada por una escultura que ahora es la de San Pedro, pero que fue cambiada por la del emperador Trajano, al cual se dedicaba. Conmemora la victoria de Trajano sobre los dacios. Sus relieves son una banda continua que sube en sentido helicoidal desde la base hasta la punta y que narra los pasajes triunfales de la batalla con un sentido narrativo continuo y sin pausas.
Obras de Ingeniería
El Acueducto
Es una construcción práctica y funcional, pero bella a la vez. Servía para abastecer de agua a las ciudades. El más grande de todo el Imperio es el Acueducto de Segovia, de tiempos de Augusto y Trajano. Tiene 728 metros de largo y doble línea de arcos superpuestos y ejecutados a base de sillares perfectamente tallados y dispuestos sin argamasa. Son también importantes el de Las Ferreras en Tarragona y el de Los Milagros en Mérida.
El Puente
Es el resultado de una calzada sobre un río. Las calzadas atravesaban todo el Imperio y cuando debían atravesar un río, los romanos no dudaban en construir puentes enormes que, a la vez que obras de ingeniería, son también obras de arte. El Puente de Alcántara fue mandado construir por Trajano en el año 105 d.C. sobre el río Tajo y tiene un arco de triunfo en su parte central. El Puente sobre el río Gard en Provenza es un puente acueducto donde la primera serie de arcos soporta la calzada por donde pasaba la vía gala y sobre ella se alza una segunda serie de arcos que soportan un acueducto de agua por encima. Así, una sola obra tenía una doble función.
Tanto en puentes como en acueductos sobre ríos, procuraban que los cimientos no cayeran dentro del lecho para evitar la erosión de los pilares y, si no había más remedio, estos pilares se remataban en vértice para hacer menos resistencia al agua. Los puentes romanos casi siempre eran de calzada recta, mientras que los puentes con “chepa” suelen ser medievales.
La Calzada Romana
Era la mejor obra de ingeniería, de una técnica superior, y la prueba está en que aún se conservan casi todas. En sección tiene varias partes: una solera de tierra fina y pisada, sobre ella bloques más o menos regulares y sobre ellos una capa de piedras redondeadas de río y unidas con argamasa. Después el sistema evoluciona: solera de piedra más o menos regular, después barro o tierra bien apretada, después una capa de piedras redondeadas o cantos de río y después una capa de argamasa para cubrir los huecos entre piedra y piedra.
Las vías más importantes eran la Vía Apia, que recorría Italia de norte a sur, la Vía Emilia, que iba hacia el noroeste por el sur de Francia, y la Vía Flaminia, hacia el noreste y el Danubio. En España, la más importante era la Vía Augusta que, pasando por Tarraco, iba en diagonal hasta Emérita.
La Escultura Romana
En escultura conviven influencias helenísticas y etruscas a partes iguales. De influencia helenística son las numerosas esculturas de tema mitológico de los siglos II y I a.C., cuando fue conquistada Grecia. Las innumerables Venus, Dianas, Júpiter, Marte, etc., que no son sino copias que los romanos hacían en serie sobre las originales griegas de época clásica y helenística. Muchos de estos originales se perdieron y hoy conocemos la escultura griega clásica a través de las copias romanas.
El Retrato
Es un capítulo aparte, ya que los romanos lo cultivaron con especial esmero (cultura más individualista). A diferencia del griego, el romano es un retrato realista, que resalta los rasgos individuales, sin omitir los defectos. Parte del retrato helenístico, pero lo supera ampliamente. También influye el retrato realista etrusco pero, sobre todo, en él se plasma el sentido objetivo, realista y positivista del romano.
El retrato siempre iba policromado, aunque quedan pocos restos de color. El origen de este afán por el retrato quizá esté en las imagines maiorum, máscaras de cera que solían hacerse a los difuntos para guardarse en el larario como recuerdo y veneración a los antepasados. Era el positivo de un negativo real, con lo que el parecido era absoluto. En la época republicana, el interés se centra en la cabeza y solo se retrata de cuello para arriba. Luego el retrato se irá ampliando. Son retratos de gran realismo, reproduciendo arrugas y expresiones severas. La primera obra en el tiempo es el retrato de Lucio Junio Bruto, fechada en el siglo IV a.C., y se duda sobre si su autor es romano o etrusco (es difícil porque entonces no hay división artística entre Roma y el resto de las ciudades etruscas). La técnica de fundición es etrusca, pero el personaje es sin duda romano; se trata del Libertador que en el año 509 a.C. expulsó al último rey etrusco de Roma. Los ojos son de pasta vítrea para acentuar la profundidad de su mirada, el rostro es grave y severo, la expresión seria pero serena. Hay una buena técnica en pelo y barba.
El siguiente es el retrato de Pompeyo el Grande, del siglo I a.C., un retrato solo de la cabeza. Hay un absoluto dominio técnico mediante el cual se realiza un estudio psicológico del personaje. Se esculpe un rostro que emana virtudes: una esbozada sonrisa que refleja la bondad, integridad, pureza y serenidad mental. Justo la imagen que debía dar un político.
En el Imperio, a partir de Augusto, se impone la moda griega, sobre todo para las clases altas, con un realismo distinto al republicano: se evitan los defectos que puedan afear los rostros y surge una cierta idealización, sobre todo cuando se trata de representar a los emperadores, como si el artista tuviera miedo, como si el retrato debiera servir para dignificar al representado (el cónsul era hombre, pero el emperador se acercaba a Dios). En el Retrato de Augusto de Prima Porta vemos un retrato idealizado que no refleja la expresividad de los anteriores republicanos, con buena técnica sobre el mármol, pero se nota la voluntad propagandística al realizar la obra. En época de Adriano, aumenta la idealización, pero con dos innovaciones: la aparición de la barba y la incisión de las pupilas en el iris, que dan gran expresividad a los retratos. El busto abarca cada vez más cuerpo, llegando ahora por debajo del pecho.
En la época de los Antoninos, el retrato se recarga, se “abarroca”. La barba y la cabellera se rizan y entrecruzan desmesuradamente, practicando el trépano constantemente. Aparece una mayor idealización para una mayor dignificación y nace así el retrato ecuestre, por ejemplo el de Marco Aurelio, realizado en bronce y situado en la Plaza del Capitolio de Roma, una escultura que va a tener mucha importancia en el Renacimiento italiano. Caminamos hacia una idealización cada vez mayor que conlleva una “estereotipación” y decadencia del retrato, una decadencia que coincide con una decadencia económica, militar y política de todo el Imperio.
A partir del siglo III d.C. comienza la lenta agonía del Imperio Romano de Occidente y con ella el retroceso cultural más importante que ha sucedido en toda la Historia. Con la dinastía de los Severos en el poder, comienza la decadencia del retrato. Aparece el retrato de Caracalla, retrato de perfil ampliado por debajo del pecho y en bronce. Mucho más idealizado que real y expresivo. Con un pelo y una barba muy rizados, tal y como era la costumbre, y unos pliegues muy duros en la túnica que lleva. A partir de Constantino, el retrato se aparta cada vez más de la realidad, preludiando la estilización bizantina y el primitivismo medieval.
El Relieve
En época republicana casi no se da, pero en el Imperio adquiere mucha importancia el relieve histórico. Es un medio más propicio que el tridimensional o exento para la representación de escenas complejas, anecdóticas o realistas. Los temas casi siempre son históricos y se desarrollan de forma narrativa y continua, representando campañas militares, hechos conmemorativos y ceremonias religiosas. Surge el gusto por el paisaje y proliferan los ríos, colinas, árboles y plantas, guirnaldas de flores, etc. Los primeros en el tiempo son los relieves del Ara Pacis o Altar de la Paz que levantó Augusto cuando terminó de conquistar el Mediterráneo. Adornan el interior y el exterior del templo con temas alusivos a la procesión del cortejo imperial dirigiendo sus ofrendas hacia el altar. Es un bajorrelieve en piedra caliza con una gran técnica en los pliegues de los vestidos. En el Arco de Tito, los relieves ocupan las paredes interiores y muestran el estilo ilusionista de la época flavia. Es un desfile militar con cetros y estandartes donde los victoriosos romanos saltan alegres y los vencidos van delante con las manos atrás. Los relieves de la Columna Trajana ascienden de forma continua en espiral ocupando todo el fuste de la misma. Se narran episodios sobre la guerra contra los dacios. Es un bajorrelieve con una profusión enorme de elementos, humanos y de paisaje, apretados y apiñados. Se simulan grandes construcciones al fondo, pero con grandes defectos de perspectiva.
La Pintura Romana
Gracias al enterramiento de Pompeya, tenemos toda la pintura clasificada desde el siglo II hasta el año 79 a.C., y así podemos distinguir cuatro estilos:
- Estilo de incrustación: paneles coloreados en amarillo y rojo que imitan la policromía del mármol.
- Estilo arquitectónico: donde aparecen pintadas arquitecturas imaginarias que dejan ver por sus huecos paisajes en perspectiva.
- Estilo ornamental: con decorados arquitectónicos de influencia egipcia. No son construcciones, sino decorados arquitectónicos: columnas, ventanas, figuras humanas y paisaje.
- Estilo ilusionista: mezcla del arquitectónico y el ornamental con gran fantasía de formas y colores.
Estos cuatro estilos se conocen como 1º, 2º, 3º y 4º estilos pompeyanos. Después de la catástrofe del año 79 a.C., la pintura romana posterior solo la conoceremos por referencias literarias.
El Mosaico
Se utilizaba sobre todo para la decoración de pavimentos, paredes, fondos de piscinas, etc. De temática variada (vegetal, animal, geométrica o histórica), se realizaba con dos técnicas diferentes:
- El opus tesellatum es la más frecuente y se forma a base de piedrecitas cúbicas o teselas de varios colores. La tesela siempre tiene un color natural y están perfectamente escuadradas.
- El opus sectile son losetas irregulares pintadas una vez que se han colocado. Es un sistema más fácil y barato y tiene más posibilidades de cara a las composiciones difíciles, pero se daba mucho menos.